lunes 23 de noviembre de 2009

LA VENGANZA DE LOS SHIT



(El título es un juego de palabras...)
Otra de cine. A esta le tenía ganas.

“La oscuridad es generosa.
Su primer don es ocultarte. Nuestro verdadero rostro yace en la oscuridad que hay bajo nuestra piel. Nuestro verdadero corazón está sumido en sombras aún más profundas. Pero cuando más nos oculta no es al proteger nuestra secreta verdad, sino al ocultarnos a la verdad de los demás.
La oscuridad nos protege de lo que no nos atrevemos a saber.
Su segundo don es la ilusión de consuelo, la paz de sueños agradables al abrazo de la noche, la belleza con que la imaginación dota a aquello que nos repelería a la cruda luz del día. Pero el más grande de sus consuelos es la ilusión de que la oscuridad es temporal, que a cada noche le sigue un nuevo día.
Porque lo temporal es el día.
El día es a ilusión.
Su tercer don es la propia luz. Tal y como los días están definidos por la noche que los divide, y las estrellas por la negrura infinita en la que giran, la oscuridad abraza la luz y la hace destacar desde el mismo centro de su ser. Con cada victoria de la luz, quien gana es la oscuridad.”


• Si has visto “La Venganza de los Sith” y no eres un mero consumidor de imágenes sino que estás atento al contenido, te habrás dado cuenta de que hay muchos puntos en común entre lo que allí se cuenta y nuestra propia realidad, a saber:
o El bien y el mal.
o Nuestra propia lucha interna entre el dragón y la luz.
o El orgullo humano.
o La confianza excesiva en posiciones inamovibles.
o El secretismo que genera desconfianza.
o La manipulación de la verdad.
o La presentación del mal como algo bueno y provechoso y la del bien como una esclavitud ciega que ata y coarta.
o Los fallos de los que defienden el bien y cómo se vuelven contra ellos.
o La hipocresía que genera falsas confianzas.
o Las apariencias de bondad que esconden una maldad abyecta.
o La ventaja con la que juega la oscuridad porque vela sus intenciones y enturbia las percepciones de los que viven en la luz.
o Errores de los padres que pueden llegar a corregir los hijos, a veces.
o El verdadero y el falso amor.
o La influencia de las malas compañías…
o Y la cuestión de la reputación… Si buscas tú mismo, encontrarás más conexiones.

• Me invade la sensación, mientras veo la película, de que me están contando una historia que bien podría ser la mía. Lo más triste es la moraleja de que lo que le sucede a Anakin, el protagonista, es el fiel reflejo de lo que puede pasarnos a ti y a mi cualquier día de estos. Claro, he dejado a propósito, fuera de la lista de temas uno fundamental: el proceso hacia el mal, hacia el lado oscuro, se da paso a paso, no se llega a las tinieblas de repente. Es un largo proceso en el que intervienen muchos factores, muchas veces combinados y de diferentes maneras pero el resultado siempre es el mismo. Un mal albergado, una norma Jedi incumplida, es un paso hacia el lado oscuro.

• La vida de Anakin es un continuo avanzar hacia ese lado con cada decisión errónea que toma.

• Los jedis:

o Dejan pasar las cosas y las personas,
o No tienen posesiones.
o No albergan afectos que podrían llevarles al deseo de caer en la trampa de llevar una vida como la de los demás, como la de todo el mundo.
o No se permiten el lujo de querer y actúan por principios, por deber, por un bien supremo que beneficie a la sociedad.
o No tienen miedo porque el miedo puede llevarlos hacia el dolor y la ira.

• La Orden Jedi, con todas sus virtudes, recibe de parte del señor del Sith las críticas más duras cuyo paralelismo podemos encontrar en el seno de muchas de nuestras iglesias e instalado en el seno interno de muchos de nuestros miembros. Anakin se permite el lujo de amar, de actuar por amor, su primer deseo, casi su obsesión, es ayudar a todo el mundo, sufre sólo de pensar que pueda dejar a un amigo en la estacada. Para él las normas están por debajo de las personas y cuando lo cree conveniente las infringe. Representa el lado humano que a la Orden le falta. ¿Cómo no puede amarse a las personas? En nuestras iglesias hay muchos hermanos que se mueven sólo por principios, buscan el bien absoluto y los que lo entorpecen son enemigos. Bajo un manto de amor arremeten contra aquellos que les parecen apestados por el pecado porque infringen las normas y en lugar de ayudarlos restringen su confianza, limitan sus acciones, los observan con recelo. Si os paráis a pensar, es una de las cosas que el señor oscuro usa en contra de los jedis y es algo que finalmente Yoda, el gran maestro de la Orden, reconoce. Se han equivocado con el joven Skywalker. Obi-Wan mismo le confiesa a Darth Vader haberle fallado.

• Así pues la Orden no evolucionó, se quedó firmemente arraigada, anquilosada, podríamos decir, en tradiciones del pasado. Siempre se ha hecho así y así hemos sido todos instruidos y nos ha ido bien. ¿Porqué cambiar? Los siervos del lado oscuro sí han cambiado, se han adaptado a los tiempos, han estudiado las debilidades del sistema enemigo, se han preparado para hacerles frente cada vez con más eficacia, están preparando la trampa final. En el fondo todo lo que ocurre sólo está destinado a arrastrar a los hijos de la luz hacia el lado oscuro, hacia la destrucción de su ser en el bien y su desarrollo en el mal. Hay un plan maestro que rige todo en la lucha eterna entre el bien y el mal. Dios tiene el suyo y el señor Sith el propio.

• El futuro está ya señalado para aquellos que no se aparten de los caminos de luz de la “Fuerza”. La victoria.

• La muerte para aquellos que sean engañados por las medias verdades del enemigo, para aquellos que pongan su atención sólo en las cosas negativas. El lado oscuro nublará su percepción de las cosas y querrán ver el pecado y el mal justo en el lugar del que proceden las cosas contrarias. Dios y su iglesia, su pueblo. ¡Cuántas personas se alejan de la iglesia creyendo que todos sus males vienen por causa de esta!
Como le dice Obi-Wan a Darth Vader: “Esto lo has hecho tú solo.”

• ¡Cuántas veces podríamos salvar a muchas personas de caer en el lado oscuro si a pesar de no ser todo lo buenos que nos “creemos” algunos, les diéramos la oportunidad de mostrar que pueden hacerlo, con la ayuda de Dios! En vez de eso, precipitamos su caída. Les tenemos a nuestro lado pero no confiamos realmente en ellos, y…, lo notan. Eso aún los aleja más de nuestro lado. Ocurre igual con nuestros hijos, los nacidos en la iglesia son los más atacados. Les exigimos porque se supone que están bien adiestrados en las normas jedi y muchos ya tienen edad de cortar su cola de padawan pero nunca lo hacen. Cuanto más queremos “adiestrarlos” con la férrea disciplina de la Orden más tercos se muestran, más imprecisos, más dados a tomar decisiones erróneas en busca de aire, de libertad. ¡Cuántos padres obligan a sus hijos a venir a la iglesia porque creen que eso es lo correcto! No saben hacer más, no entienden de otras maneras… Muchos de estos jóvenes nunca llegan a ser Maestros, caballeros de la Orden, tampoco pasan abiertamente al lado oscuro sino al bando de los renegados, como el conde Dooku, en sus inicios. Los Jedi Perdidos. Parecen no haber pasado al lado oscuro porque siguen alguna forma de camino reflejo de la luz verdadera, no están abiertamente en contra y eso les engaña a ellos y a nosotros. Realmente están en caída libre hacia la oscuridad.

• El sistema Jedi tiene fallos. Lamentablemente Lord Sidius tiene razón. En el corazón de un Jedi no hay lugar para los sentimientos, amar está prohibido porque un Jedi debe dejar pasar los apegos que conducen al miedo, a la ira y al lado oscuro. El sentimiento está visto como algo perjudicial que sólo nubla el entendimiento y la obediencia a la orden pasa por encima de las personas. Los objetivos son lo primero. Evidentemente es un planteamiento que está representando la actitud propia del fariseísmo más rancio, típico de la época de Jesús. Amar es el primer gran mandamiento, a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Pero este es un tema que bien podría desarrollarse en otro momento. El argumento de la película ofrece muchas alternativas para tan diversos como interesantes y variados fórums.

• Me interesa más el proceso por el que Anakin cae en el lado oscuro. Está claro que todo empieza por la excesiva dureza de un sistema que ha permanecido rígido e inflexible a lo largo de los siglos y que inhibe cualquier atisbo de sentimiento. El bien es solamente un principio que hay que practicar, pero con la misma facilidad que se hace el bien se ejecuta con paralela frialdad la justicia más necesaria y la violencia se hace presente en los dos sistemas, el Jedi y el Sith.

• Anakin es como muchos jóvenes de nuestras iglesias que necesitan ubicar a las personas por encima de los principios, o que por lo menos no entienden que la “orden” pueda pasar por encima de los sentimientos con tanta facilidad cuando se trata de juzgar las debilidades de alguno de los miembros del colectivo.

• Su carácter es impulsivo, él es joven, sincero y dado a ayudar a los demás. La orden no termina de satisfacer sus ansias de progreso porque siempre le limita, temerosa de que si alcanza responsabilidades demasiado pronto su carácter poco auto disciplinado pueda jugar en su contra y en contra de la propia orden. En el fondo, todos los jedis le admiran. No ha habido antes otro igual que él y difícilmente lo habrá. La profecía lo señala: él traerá el equilibrio a la fuerza. Nadie sabe bien qué implicaciones puede tener esa predicción pero este joven jedi que no representa el ideal del caballero religioso descoloca sus más arraigadas convicciones y les sumerge en la duda. En el fondo, el miedo está carcomiendo a la orden desde dentro. Tienen miedo de Anakin y de lo que pueda hacer y eso está llevando a todo el sistema a caer víctima del poder del lado oscuro. Desarrollar plenamente toda la metáfora sería ahora largo pero podemos asegurar que tiene más trasfondo cristiano del que muchos han pensado jamás.

• El Lord Sith le tienta y le dice que deje fluir sus sentimientos.

o Le otorga la confianza que la orden no le confiere,
o confirma y felicita las acciones más duras de Anakin, teñidas de justicia pero con un trasfondo claro de venganza.
o Potencia cada paso que da hacia la “liberación” de sus sentimientos, tanto sean estos positivos como negativos.
o Ha elegido a Anakin desde el principio consciente de su poder y del formidable e inigualable discípulo del lado oscuro que puede llegar a ser.
o Se hace amigo suyo desde su llegada, lo rodea de amor, amistad y lealtad más allá de todo lo razonable.
o Conoce sus secretos y los disculpa, su amor es sin condiciones.
o Haga lo que haga Anakin, él lo comprende, lo aprueba y lo justifica.
o Es el único que parece aceptarlo tal y como es. No le hace sermones, no le regaña, está siempre a su lado, sabe de la matanza de…, de su amor secreto, del embarazo de Padmé, de sus rebeldías, de sus desobediencias, de las conocidas y de las ocultas. En el fondo Anakin es el jedi más poderoso que jamás ha existido y con mayor libertad de actuación que ha pasado por la orden. Hace lo que quiere porque es lo que debe y punto.
o El Lord Sith, sabe todo esto pero lo acepta de todas formas.

• No obstante, Lord Sidius nunca ha mostrado su verdadero rostro. Tras la amable, comprensiva y simpática actitud del senador Palpatine se esconde la mentira, la manipulación, el engaño, el odio. Lord Sidius quiere un gran discípulo para tener aún más poder, un poder incontestable si este poderoso portento de los midiclorianos se alía con él.
El pecado actúa igual en nuestra vida.

o Satanás nos regala los oídos. Nos acepta tal como somos, si somos buenos parece aceptarnos igual que si somos declaradamente malos. Nos conoce desde la niñez. Nos lo quiere poner todo siempre fácil. El lado oscuro es más rápido que el de la luz. Su camino más ancho, menos “tortuoso” y angosto. Nos ayuda a justificar lo injustificable y adormece nuestra conciencia para que no sintamos dolor, remordimientos ni necesidad de arrepentirnos de nada. Al fin y al cabo, alguien tiene que impartir justicia y si nadie te la da debes poder tomarla por tu propia mano.

o Critica siempre a la iglesia. Siempre tan represora, tan indiferente a las necesidades del individuo, tan preocupada por sus altos intereses, a expensas de que sus militantes agonicen por un poco de atención personalizada.

o Satanás nos presenta las cosas desde su particular punto de vista. Fue capaz de engañar a miles y miles de ángeles, hizo caer a Adán y a Eva y nunca ha dado la cara. La serpiente antigua, el senador Palpatine. Caras amables que invitan a crecer, a desarrollarse al margen del plan previsto por Dios. Sonrisas que te envuelven en un abrazo de falsa amistad que te dice que todo está bien, que no pasa nada, que no debes preocuparte.

o Por una vez has hecho lo que necesitabas, lo que querías o lo que debía hacerse. No está mal hacer lo que uno necesita, lo que quiera o lo que se deba, pero siempre hay dos caminos el malo y el bueno.

o Por una vez haces lo que sabes está mal. Sólo para probar, para rebelarte contra tantas advertencias pesadas que sólo molestan tu conciencia y…, al final…, para tan poca cosa.

o Pero el tiempo pasa y no sabes cómo y te ves envuelto en vicios que empezaron sólo con la placentera sensación de sentirte liberado de restricciones y dueño de ti mismo.

o Te ves esclavo del vicio, tu mente fuera de quicio y ahora sujeto al suplicio de no poder salir de la espiral del sexo por internet o fuera de la red, del tabaco, del alcohol y de las drogas más o menos peligrosas, según tu opinión.

o ¿Cómo has llegado a esto? Poco a poco, paso a paso. Te han hecho ver lo blanco negro y lo negro blanco. Le han dado la vuelta a la tortilla, han envenenado tu mente con mentiras y ahora la mala es la sociedad, la iglesia y finalmente Dios que parece que se ha vuelto sordo a tus necesidades espirituales.

o “Muchos asisten a los servicios religiosos y se sienten refrigerados y consolados por la Palabra de Dios; pero por descuidar la meditación, la vigilancia y la oración, pierden la bendición, y se hallan más indigentes que antes de recibirla. Con frecuencia les parece que Dios los ha tratado duramente. No ven que ellos tienen la culpa. Al separarse de Jesús, se han privado de la luz de su presencia.” DTG Pág. 63

o Lord Sidius te ha dedicado mucho tiempo y tú lo has tenido por amigo. ¿Cuánto tiempo tardarás en darte cuenta?

martes 17 de noviembre de 2009

ÁGORA (escrito por Guillermo Sánchez y Juan Fernando Sánchez)

Os traemos esta vez un trabajo concienzudo, realizado por dos amigos nuestros, que administran, desde hace ya algunos años, un sitio web que deberíais incluir en vuestra lista de favoritos. Se trata de LaExcepción.com. Nos han enviado una crítica a la película Ágora, que nos ha parecido de sumo interés porque, además de reseñarnos la propia obra, nos permitirá debatir sobre los peligros de intolerancia que corre cualquier movimiento religioso que empiece a perder de vista sus orígenes. Os recomiendo este artículo, y también su web. Ahí va:

Una película cristiana que molesta a los cristianistas
Dice Alejandro Amenábar que le sorprendió comprobar cómo al personaje de Hipatia no se le había dedicado todavía una película. Así es: resulta curioso que esta interesante figura histórica, sobre la que desde el siglo XVIII se han escrito numerosos poemas, obras de teatro y novelas, no hubiera sido reflejada en la gran pantalla. Ciertamente las fuentes no aportan mucha información sobre ella, pero sí la suficiente como para reconstruir algunas escenas fundamentales de su vida. Pero, ante todo, contamos con numerosos documentos que contribuyen a reconstruir el ambiente político y religioso de la Alejandría de los siglos IV y V (ver al respecto la completa monografía de Clelia Martínez Maza, Hipatia: La estremecedora historia de la última gran filósofa de la Antigüedad y la fascinante ciudad de Alejandría, La Esfera de los Libros, 2009).

Muchos han achacado a Amenábar falta de rigor histórico en su película, aferrándose a ciertas inexactitudes puntuales del guión. Pero es obvio que en una película histórica no todos los detalles deben ajustarse con precisión a los acontecimientos, ni de hecho suele ocurrir. Nadie criticará a Shakespeare por haberse permitido licencias literarias en su Julio César, ni a Manckiewitz, por hacer otro tanto en su fidelísima adaptación cinematográfica de este drama clásico. Cuando se trata de historias de la Antigüedad, sobre las que además disponemos de pocas fuentes, es todavía más necesario completar la trama con escenas y diálogos imaginados. Además, el lenguaje narrativo exige condensar eventos en el tiempo, simplificar algunos personajes, desarrollar otros…

En cuanto a la historicidad de la película, la pregunta decisiva es: ¿Presenta Amenábar, en su conjunto, una imagen verosímil de las luchas político-religiosas del periodo tardoimperial? Ante lo que hay que responder categóricamente que sí.

Hay licencias, por supuesto. Muchos le han recriminado que «la filósofa no murió joven como se da a entender en la producción. Es evidente que el director busca ensalzar un mito y propone una Hipatia joven para agravar las circunstancias de su muerte» (Religión en Libertad, 8.10.09). En primer lugar, sabemos que Hipatia fue asesinada en 415, pero no cuándo nació; se han propuesto varias fechas: 355, 375 y 390. La última es más que improbable (habría sido asesinada con 25 años). De aceptar la primera, habría muerto con sesenta; de aceptar la segunda, con unos cuarenta (la edad aproximada de Rachel Weisz). En segundo lugar, la crítica resulta absurda: ¿Acaso no resulta más cruel asesinar a una anciana que a una joven?

Lo que sí hay es una incongruencia interna: en la película, Hipatia presencia la destrucción del Serapeo, ocurrida en 391; su muerte tuvo lugar 24 años después. Aunque los propios personajes dicen que han pasado muchos años, su aspecto físico no muestra un lapso de tiempo tan prolongado.

El episodio en el que Hipatia muestra a Orestes un paño menstrual para disuadirlo de las pasiones de la carne está recogido en las fuentes, si bien en ellas se dice que lo mostró a “un discípulo”, que sin duda no era Orestes, pues en tal caso se habría explicitado.

Más grave resulta atribuir la destrucción de la biblioteca de Alejandría a los cristianos. Amenábar toma como base la destrucción del Serapeo en 391 (donde es probable que se hubieran archivado libros salvados de las destrucciones anteriores) para concentrar en ese suceso la devastación de la biblioteca, un proceso que no está suficientemente documentado, pero que debió de ocurrir en varias fases, desde el ataque no intencional de Julio César en 48 a.C., hasta la discutida agresión final por parte del califa Omar en el siglo VII.

Una película histórica no es un documental; no trata de desentrañar científicamente las claves históricas de un personaje, contrastando hipótesis y proponiendo interpretaciones. Una película construye personajes; tomando como base unos hechos históricos, reflexiona sobre temas que quizá trasciendan a las propias personas, pero que el autor asocia a ellas, formando así arquetipos que condensan ideas o valores. En este sentido, Ágora resulta magnífica, especialmente en el personaje principal. El perfil de la Hipatia de Amenábar, además, se ajusta al que ofrecen las fuentes cercanas a la época, tanto paganas como cristianas, según las cuales esta dama encarnaba dos de las cuatro virtudes morales aristotélicas del primer nivel, el llamado ético o práctico: la justicia (diakoisyne) y el dominio de sí misma (sophrosyne). El personaje que tan convincentemente interpreta Rachel Weisz posee en sumo grado ambas, pero a la vez las exhibe con tal naturalidad que resulta fascinante. Es una Hipatia sabia, pero exenta de la grandilocuencia postiza típica en este tipo de dramas.

En la película quizá sobran algunos toques progres, como cuando Hipatia se muestra desnuda ante los esclavos al salir del baño. Afortunadamente, Amenábar no hizo caso a Weisz, quien, empeñada en dotar a la película de una “carga erótica”, e incapaz de asumir que una mujer rodeada de tantos hombres fuera casta, pretendía introducir una escena de autoerotismo en la que Hipatia fuera “poseída” por las estrellas (El País, 4.10.09). Algunos han visto en su compasión hacia los esclavos un enfoque políticamente correcto, pero lo cierto es que el filme no oculta la asunción acrítica por parte de Hipatia de la esclavitud como institución; ella misma ejerce su autoridad como propietaria de sus esclavos. Seguramente algunos aspectos del personaje resulten anacrónicos (como su descubrimiento intuitivo del heliocentrismo); otros, de dudosa verosimilitud (como las palabras “todos somos hermanos” puestas en su boca); y otros suenen excesivamente modernos (como su cordial familiaridad con el esclavo que le ayuda en sus reflexiones astronómicas). Son licencias equivalentes a la idealización marxista de los esclavos rebeldes en Espartaco de Kubrick, donde encontramos a un esclavo poeta que conmueve los corazones de los rudos guerreros, así como discursos fraternales, premonitoriamente cristianos, en boca del protagonista (que, para escándalo de muchos en la época, moría crucificado mientras su amante lo observaba afligida).

Acaso el personaje narrativamente más cuestionable en Ágora es precisamente el único, entre los principales, que es ficticio por completo: el esclavo Davo. Su presencia es importante en el guión, por cuanto va enlazando los diferentes mundos que conviven en Alejandría: los esclavos, la elite intelectual y social, las masas cristianas… Pero su evolución psicológica resulta quizá poco convincente; tiene madera de antihéroe trágico, pero más bien resulta de lo más inmaduro. Su perfil atormentado quizá haga las delicias de los espectadores posmodernos, pero otros percibiremos que sus pulsiones violentas y la desmesura que manifiesta debido a la atracción que siente por su ama desentonan y son innecesarias.

Es significativo que muchos de los que hoy critican la reconstrucción histórica de Ágora, alabaran en su día La pasión de Cristo, un filme anticristiano que distorsiona gravemente algunos hechos fundamentales acerca de la muerte de Jesús, sobre los que sí tenemos relatos detallados en los evangelios (ver nuestra reseña de la película de Mel Gibson).

¿Anticristiana?
La estructura narrativa de Ágora está primorosamente trabajada. La historia arranca con imágenes del universo y se aproxima a nuestro insignificante planeta, donde una joven trata de desentrañar el orden cósmico; su final trágico se cierra cíclicamente con el movimiento inverso, de nuevo hacia las estrellas. Amenábar mide los tiempos y el ritmo, contrapesando las secuencias violentas en los exteriores con escenas de interiores en que Hipatia se dedica a la docencia y a la investigación. Son dos procesos independientes, dos mundos paralelos (el del poder por un lado, el del conocimiento por otro) que van confluyendo hasta concentrarse en la protagonista, sobre la que, a modo de chivo expiatorio, recaen todas las culpas.

Se podría pensar que Amenábar ofrece un discurso maniqueo, según el cual la cultura pagana, que representaría el progreso, sería sepultada por la dominante cultura cristiana, que representaría el oscurantismo. Pero esta interpretación es incorrecta: no se plantea la dicotomía entre paganismo y cristianismo, sino entre fanatismo y convivencia respetuosa. El espectador poco atento podría creer que los parabolanos son “los cristianos”; lejos de ello, estos monjes son sólo una facción fanatizada (caracterizada en la película, por cierto, con atributos exagerados y un tanto absurdos: visten una especie de uniforme negro, y portan en el pecho unas bandas de cuero que les asemejan a la imagen arquetípica del “terrorista islámico”). Sabemos por las fuentes que, efectivamente, se dedicaban a la filantropía, pero eran a la vez fanáticos y violentos, y que el obispo Cirilo los empleó como fuerza disponible, fiel y fácil de movilizar. Se supone que participaron en el asesinato de Hipatia, si bien no hay constancia documental de ello. Sí de su fanatismo, hasta el punto de que en 416 (un año después del asesinato de Hipatia) hubo de intervenir el emperador, quien limitó su número en Alejandría a quinientos y reguló sus actuaciones públicas.

Amenábar destaca en una entrevista cómo en la creación de la película participaron cristianos (entre ellos muchos católicos), judíos, musulmanes, agnósticos y ateos, y que la obra «cuenta un capítulo muy triste de la cristiandad, en el que un grupo concreto de fanáticos linchó a Hipatia». Ello no significa que él esté atacando a los cristianos, «y mucho menos a los cristianos de hoy en día, que no van dando palos por la calle. La película claramente lo que condena es a los fanáticos, a los que a día de hoy, y entonces, utilizaban la violencia.»

La película presenta además una imagen poco complaciente del paganismo; son precisamente los seguidores de Serapis quienes comienzan la escalada de provocaciones violentas, y pergeñan venganzas desproporcionadas; los paganos son esclavistas despiadados, como el propio Teón, padre de la protagonista. También podemos ver a filósofos paganos encastillados en la cosmología aristotélica, incapaces de concebir la genialidad de las preguntas astronómicas de Hipatia.

Lejos de ser anticristiana, Ágora es una película que reivindica valores genuinamente cristianos. De entre todos los excelentes diálogos, destacan algunos que así lo demuestran. Cuando Davo confiesa a Amonio que no puede perdonar a los judíos por los ataques que les han dirigido, el monje le contesta que no tienen por qué perdonarlos, ante lo que el esclavo responde: “Jesús los perdonó en la cruz”. Una auténtica confesión de principios cristianos, destacados favorablemente en el guión. La respuesta de Amonio, por el contrario, sintetiza la miseria moral a la que había descendido el discurso “cristiano” oficial que, aparcando los principios del evangelio, busca subterfugios para poder justificar la violencia; acusándolo de blasfemo, el monje le reprocha a Davo: “Él era el Señor. ¿Pretendes compararte con Dios?”.

Amenábar, en la web promocional de la película, dice que «Amonio representa lo mejor y lo peor del cristianismo»; lo mejor es que es alguien «capaz de hacer ver a Davo que el cristianismo se basa en la compasión y la caridad». Lo peor que «se deja llevar por unas ideas que le conducen a la violencia.»

Cuando Sinesio presiona a Orestes para que se someta a Cirilo, Orestes le responde que Cirilo, al descontextualizar el texto de Pablo sobre las mujeres que ha esgrimido contra Hipatia, está tergiversando la Palabra. De este modo, el guión no cae en la trampa simplista de identificar la religión cristiana con la misoginia, sino que refleja cómo el cristianismo auténtico no incurre en manipulaciones de la Biblia para promover valores contrarios a su propia ética igualitaria.

Otro momento inolvidable es cuando los magistrados presionan a Hipatia a convertirse al cristianismo, a fin de aliviar las tensiones sociales, y ella les responde que las conversiones de conveniencia que están promoviendo significan “mercadear con la fe”. Paradójicamente, la única pagana resulta ser la más cristiana de todos, al situar a la conciencia por encima de cualquier consideración circunstancial, y al negarse a hacer una farsa que, esa sí, sería anticristiana. Esta paradoja recuerda a los planteamientos autocríticos tan frecuentes en algunas historias de la Biblia en las que el pueblo de Dios falla, mientras que los infieles representan una ética elevada: la historia de Jonás, la parábola del buen samaritano, etcétera.

Hay historiadores que han llegado a sugerir que Hipatia era cristiana, aunque no hay fundamento para creer tal cosa. De todos modos, aun siendo pagana, las fuentes muestran su escaso interés en los aspectos religiosos del paganismo, con cuya defensa no se compromete activamente, a diferencia de otros intelectuales de la época. No se sabe de su participación en sacrificios a los dioses o en ceremonias nocturnas, y en los testimonios sobre el contenido de su docencia no aparecen elementos característicos de las corrientes mágico-esotéricas de la teúrgia, tan en boga entre los neoplatónicos de su tiempo. Ni siquiera las fuentes cristianas tardías que le acusan de magia y brujería (sin duda para justificar su asesinato) llegan a precisar actividades paganas concretas. De ahí que la imagen de Hipatia ofrecida en Ágora, como filósofa volcada en el conocimiento científico, y con una actitud prácticamente agnóstica hacia las cuestiones propiamente religiosas, a pesar de algunos toques anacrónicos, resulte acertada.

Por tanto, afirmar, como se ha hecho tan repetidamente, que en la película «la conclusión evidente es que la religión conduce a la intolerancia», supone una distorsión por parte de quienes, seguramente arrastrados por sus prejuicios y por el victimismo, no le perdonan a Amenábar que supuestamente defendiera la eutanasia en su película anterior (un análisis detenido de Mar adentro no permite interpretarla como obra tan propagandística, ni mucho menos), y ahora quieren rentabilizar Ágora en su particular asalto al poder. La conclusión más evidente de la película es que la perversión de la religión, incluso de la más pacífica como es la cristiana, conduce a la persecución.

Paganización del cristianismo
La situación sociorreligiosa de Alejandría en torno al 400 es de una gran complejidad, de ahí que en dos horas de metraje sea necesario un gran esfuerzo de síntesis, que puede llegar a la simplificación. A los enfrentamientos de paganos con cristianos, judíos con cristianos y paganos con judíos, hay que sumar las luchas entre los propios cristianos. Si Amenábar quisiera haber cargado las tintas contra el cristianismo de la época, podría haber reflejado los escandalosos enfrentamientos entre los propios “cristianos”, divididos en facciones por su interpretación de la naturaleza de Cristo. Arrianos y nicenos protagonizaron combates callejeros (que llegaron a ser muy violentos, incluso resultando en la muerte del obispo Proterio en 457), maniobras de obstrucción, luchas de poder y agresiones sin fin, tal como recogen las fuentes.

La propia muerte de Hipatia fue más cruel que lo que muestra el filme. En éste, no sólo se le proporciona una compasiva “eutanasia” para evitar el martirio, sino que el director tiene la delicadeza de ocultar el momento fatal del apedreamiento (que no fue tal, sino que los agresores la golpearon con trozos de cerámica en sus manos hasta matarla, lo cual, si cabe, resulta aún más cruel), y tampoco muestra cómo el cadáver fue despellejado y arrastrado por la Vía Canópica de Alejandría, en un ritual cuya finalidad era “purificar” la ciudad, bien constatado desde que en 250 los cristianos fueron sometidos a él en el contexto de las persecuciones contra esta minoría. Posteriormente, tanto los paganos como los cristianos se lo aplicaron mutuamente con cierta frecuencia.

No sabemos hasta qué punto el obispo “San” Cirilo incitó a las masas a masacrar a Hipatia. El historiador Sócrates Escolástico dice que la filósofa «cayó víctima de la envidia política que dominaba en aquellos tiempos. Dado que ella se había entrevistado con frecuencia con Orestes, fue acusada calumniosamente entre los cristianos de que esto era lo que impedía que Orestes se reconciliara con el obispo. Algunos de ellos, cuyo cabecilla era un maestro llamado Pedro, corrieron a toda prisa empujados por un ardor salvaje y fanático, la asaltaron cuando ella volvía a casa, la sacaron de su carro y la llevaron a la iglesia llamada de Cesarion, donde la desnudaron completamente y la mataron con trozos de cerámica. Después de descuartizar su cuerpo llevaron sus trozos a Cenarion y allí los quemaron. Este asunto constituyó un gran oprobio, no sólo para Cirilo, sino para el conjunto de la Iglesia alejandrina». Esta última observación en principio no inculpa directamente al obispo de la incitación al crimen, pero sugiere cuando menos un pecado de omisión. Sí que lo implican algunas fuentes cristianas posteriores, como Juan Malalas (siglo VI) y Juan de Nikiu (siglo VII); este último, tras narrar en tono justificatorio el espeluznante final de la filósofa, dice: «Toda la gente rodeó al patriarca Cirilo y lo llamaron “el nuevo Teófilo”, porque había destruido los últimos restos de idolatría en la ciudad» (Crónica, 84.87-103). Juan Damascio (pagano del siglo VI) cuenta que la popularidad de Hipatia provocó en Cirilo un ataque de envidia tal «que inmediatamente empezó a conspirar su asesinato de la manera más detestable» (Vida de Isidoro). Además sabemos que Cirilo era un personaje intrigante que no dudó en perseguir a los judíos y a los novacianos, y recurrió a todo tipo de manipulaciones para imponer sus tesis en el Concilio de Éfeso (431). A partir de este perfil, Amenábar desarrolla una de las hipótesis posibles sobre los mecanismos que llevaron al crimen.

Sócrates continúa el pasaje citado señalando: «Seguramente nada puede estar más lejos del espíritu de la cristiandad que el consentimiento de masacres, lucha y asuntos de esta clase» (Historia eclesiástica, 7, 13), gran verdad en cuanto a lo que se refiere al espíritu del cristianismo (más que de “la cristiandad”), y perfectamente compatible con otra verdad: la historia de las iglesias “cristianas” está plagada de masacres y luchas de poder.

Ágora nos recuerda que los cristianos de la época habían desvirtuado el mensaje y las vivencias originarias de la religión de Jesús. Cuando Constantino permite y oficializa el cristianismo en 313, éste, aun conservando muchos de sus rasgos evangélicos, se convierte definitivamente en una ideología de poder, y la iglesia en una estructura de dominación. En 380 Teodosio impone por ley en el Imperio la variante católica romana, sentando las bases de la alianza entre poder político y religioso y la persecución de paganos y “herejes”, las cuales prevalecerán en Occidente hasta la Edad Contemporánea. Ágora refleja la degradación propia de ese momento de transición.

Obviamente, las transiciones históricas no se producen en un día ni en un año, a veces ni siquiera en un siglo, sino que son procesos jalonados por acontecimientos cumbre que de algún modo los precipitan o los simbolizan. Al igual que fechas como 1492, 1789 o 1989 simbolizan un cambio de era, en torno a la muerte de Hipatia se concentran las principales tendencias que ponen fin al mundo antiguo y abren paso a la Edad Media. Sabemos que tras la muerte de la pensadora los profesores alejandrinos siguieron impartiendo instrucción filosófica, incluso a discípulos cristianos, por lo que su asesinato no puede explicarse sólo como una acción destinada a suprimir la influencia de las enseñanzas filosóficas. En este sentido, la afirmación de Hipatia en la película de que Cirilo ya había vencido, incluso antes de su propia muerte, es hiperbólica, pero a la vez es una certera “premonición” del espíritu que se impondría definitivamente en la edad emergente.

Por todo ello, esta película puede conmover o hacer pensar a los auténticos cristianos, como de hecho está ocurriendo (ver por ejemplo la reseña del periodista católico Jesús Bastante o la del crítico evangélico José de Segovia), pues ante todo muestra que muchos de los que en el siglo V se decían cristianos hacía tiempo que habían dejado de serlo, hasta el punto de que otros que no pretendían serlo defendían mejor los valores fundacionales de esta religión.

Pero ya mucho antes de Constantino multitud de desviaciones se habían introducido en la iglesia, precisamente por influencia de corrientes paganas. El cristianismo imperante ya había desechado aquellos aspectos del judaísmo que Jesús jamás eliminó (rechazo del culto a las imágenes, concepción unitaria del hombre –cuyo ser muere íntegramente y resucita al final de los tiempos–, eliminación de jerarquías, sacerdocio universal, observancia del sábado…) y en cambio tomó los que Jesús desechó (concepción jerárquica, mantenimiento de una casta sacerdotal, legalismo, ritualismo….) y además integró numerosas influencias paganas (culto a las imágenes, inmortalidad del alma, observancia del domingo o día del Sol…). El propio Cirilo fue un destacado promotor de una doctrina que se consagró como “ortodoxa”, pero que supone una auténtica herejía desde el punto de vista cristiano: otorgar a María el título de theotokos (portadora de Dios), para lo cual consiguió del emperador que convocara un concilio en Éfeso en 431, y procedió a todo tipo de artimañas para resultar vencedor.

Alejandría fue precisamente un centro de sincretismo religioso, donde el cristianismo se vio invadido por elementos paganos, como la astrología; incluso los filósofos cristianos, como el obispo Sinesio, participaban de ideas astrológicas y herméticas, procedentes de la tradición pitagórica y platónica (esas prácticas se extenderían durante siglos; en las edades Media y Moderna la astrología estuvo presente en los estudios oficiales de la Iglesia Católica, y papas como Julio II recurrieron a ellas). En la Alejandría tardoimperial la magia y la adivinación, practicadas según los modelos paganos (como la incubatio o pernoctación en un templo/iglesia para recibir revelaciones del dios/santo mediante el sueño), eran práctica común también entre los profesos cristianos, como señalan las fuentes.

Fue allí donde pensadores cristianos como Nemesio, el obispo de Emesa, o el propio Orígenes, influidos por el platonismo, llegaron a admitir la preexistencia del alma al cuerpo. El propio Sinesio admite con dificultad que el alma fuera creada después del cuerpo, pues ello contradiría la idea platónica de la superioridad de la naturaleza espiritual sobre la corporal, y se niega a aceptar la interpretación “popular” de la resurrección. Él mismo concibe la teología como actividad elitista, no apta para el común de los mortales, en un planteamiento de dos niveles de conocimiento religioso muy característico del pensamiento católico romano hasta hoy:

«Si esto me lo consienten las leyes del ministerio sagrado que voy a desempeñar, podría ejercerlo de la siguiente manera: en privado me dedicaré a la filosofía, pero en público contaré fábulas en mis enseñanzas (aunque sin introducir cambios en lo que a cada cual se le enseñó antes, sino dejando que todos persistan en sus concepciones previas) […]. Pues, ¿qué tiene que ver el vulgo con la filosofía? La verdad de lo divino debe ser algo inefable, la masa necesita un procedimiento distinto» (Sinesio, Cartas, 105).

Muchos de los que hoy atacan Ágora reivindican la figura de un autor contemporáneo de Hipatia, también norteafricano, “San” Agustín de Hipona, como representante de la conciliación entre la razón y la filosofía griegas y el cristianismo. A lo que en realidad contribuyó este gran pensador fue a la helenización (y por tanto a la paganización) del pensamiento cristiano, desvirtuándolo mediante la introducción del dualismo platónico, que tan letal ha sido para la historia de la teología cristiana (ver Dualismo antropológico griego y judeocristianismo). Además en La ciudad de Dios sienta las bases de la teología política católica, según la cual “la iglesia”, como avanzadilla divina, ha de intervenir en el orden temporal, con vistas a establecer su supremacía sobre toda la sociedad.

La iglesia oficial asimiló además la estructura y la simbología del imperio pagano. La llegada de los nuevos patriarcas a Alejandría asumió las formas ceremoniales de la llegada de los emperadores (adventus), mediante procesiones en las que se exhibía el poder y se ofrecían honores al recién llegado. Los templos paganos eran reutilizados para el culto cristiano, mediante procesos que, en lugar de una supuesta “cristianización”, significaban una auténtica paganización del cristianismo. Por ejemplo, el templo de Cronos fue reconvertido en la iglesia de San Miguel, precisamente un “santo” que, como Cronos, se creía que acompañaba a las almas de los muertos a la vida futura, y que garantizaba la crecida anual de las aguas del Nilo. En Canopo, el santuario de Isis (a quien se atribuían propiedades salutíferas) fue destruido violentamente por los monjes en 389, y “consagrado” a San Ciro y San Juan, a quienes se consideraba también sanadores, mediante el emplazamiento de reliquias de mártires destinadas al culto.

Esta oposición al paganismo implicó una gran violencia en todo el imperio, y especialmente en Alejandría. Los paganos entendían que el territorio que habitaban estaba consagrado a unas determinadas divinidades (al modo en que a lo largo de la historia la Iglesia Católica Romana ha venido consagrando ciudades y países a santos y vírgenes que ejercen de “patronos”), de ahí que primero rechazaran y persiguieran al cristianismo genuino (que desafiaba tal concepción) y después, tras la oficialización del “cristianismo”, se resistieran a abandonar su posición dominante en la sociedad. En Alejandría entendían que el templo y la estatua de Serapis protegían a la ciudad, y su destrucción implicaría grandes desgracias. Los “cristianos” asimilaron un esquema supersticioso similar al de sus enemigos (en un ejemplo más de paganización), y por tanto para ellos la eliminación de estos elementos sagrados y su sustitución por imágenes y símbolos propios significaba la purificación de la tierra y la victoria de su Dios sobre los falsos dioses, a los que se identificaba con demonios.

La constatación de esta evolución histórica, lejos de suponer un ataque al cristianismo, significa una reivindicación del cristianismo auténtico, una religión que desde sus orígenes pone en guardia contra la degeneración de sus principios. Frente al victimismo, según el cual los principales enemigos de la verdad están siempre fuera, los fundadores de la iglesia cristiana previenen acerca de la perversión que tendrá lugar desde dentro de las filas cristianas. Sin dejar de ser peligrosos los ataques exteriores, la principal amenaza contra el cristianismo es la traición de la iglesia a los principios asentados por Jesús, es la apostasía instalada en el seno de la comunidad, es la conversión de la iglesia en una estructura de poder blasfemo y perseguidor (ver 2 Tesalonicenses 2: 1-10; Apocalipsis 13), hasta el punto de que, como anunció Jesús, «llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios» (Juan 16: 2). El apóstol Pablo advierte a los ancianos de la iglesia de Éfeso de que «entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para arrastrar tras sí discípulos» (Hechos 20: 30-31).

Una película molesta
Nos falta detenernos mínimamente en la aplicación, ya más concreta, que puede tener Ágora en y para nuestros días. ¿Hay un mensaje, no ya genérico sobre los peligros del fanatismo, sino específico sobre la realidad de éste en hoy?

Ya hemos visto que el propio director (y co-guionista) Amenábar ha enfatizado de manera prudente que «los cristianos de hoy en día […] no van dando palos por la calle» Sin embargo, es relevante recordar que ha añadido, como también hemos visto: «La película claramente lo que condena es a los fanáticos, a los que a día de hoy, y entonces, utilizaban la violencia.»

Ese “a día de hoy”, pese a la prudencia señalada (necesaria cuando tantas y tan agresivas interpretaciones se han hecho sobre/contra la película), debe necesariamente remitirnos a la actitud de no pocos “cristianos” de nuestros días. Recuérdese que ya Mar adentro sufrió los más ácidos denuestos de los neoinquisidores actuales y de sus corifeos. Y también, la postura laica de su director (visible en Ágora), condenado por ella desde los mismos sectores. Significativo es asimismo el hecho de que, aún más claramente que en su cinta sobre la eutanasia, en la que nos ocupa haya hecho Amenábar una obra de tesis, como acertadamente afirma el ya citado crítico José de Segovia. Por todo ello, pero también a la luz de las tendencias del mundo presente, no podemos sino estar de acuerdo con el diagnóstico de éste en el sentido de que «no hay duda que la Alejandría del siglo IV que nos presenta Amenábar, tiene más que ver con nuestra época actual que con la reconstrucción histórica de unos sucesos transmitidos con el rigor de un documental».

Estamos, de hecho, ante un filme actualísimo. Así lo confirman, particularmente, muchas de las propias reacciones al mismo, fácilmente localizables en la Red. Varias webs del catolicismo reaccionario han puesto en boca de Amenábar ciertas palabras: «Las personas que había a mi alrededor dijeron al acabar la película: qué hijos de p… son los cristianos». Pero las palabras fueron exactamente «eran los cristianos», diferencia que es decisiva; sin embargo, lo más grave es que fue Pablo Motos, no Amenábar, quien las pronunció en uno de sus programas-basura, en el que el director de cine precisamente responde rechazándolas y negando que la película sea anticristiana (ver ese episodio de El hormiguero). La reproducción de ese error en Internet muestra la típica falta de rigor documental de esos medios. Se han lanzado ataques ad hominem contra su director aludiendo a su condición de ateo y homosexual (recordemos que fue precisamente un ateo homosexual, Passolini, quien realizó la que para muchos es la más bella y fiel película sobre Jesús, El evangelio según San Mateo), así como acusaciones de incluir “engaños”, sobre los que ya hemos dado nuestra opinión más arriba. O, aún con menos contemplaciones, de que «la trama es mentira e insulta a los cristianos». O incluso de «despertar el odio contra los cristianos en nuestra sociedad de hoy». O de reduccionismo («Ágora», dice un comentarista, «es como hacer una película del Real Madrid y llamarla “Alcorcón”», aludiendo así al reciente partido que el primer equipo perdió por goleada frente al segundo, de una categoría muy inferior; de este modo, se nos pretende convencer de que, a pesar del largo historial de persecuciones, Cruzadas e Inquisición, lo que cuenta Ágora es una rara y sorprendente excepción en la historia de la cristiandad, en lugar de una tónica frecuente e incluso habitual, al menos en cuanto al afán de poder que refleja).

Algunos, cegados por el prejuicio, parecen no haber entendido la película, como quien señala: «El hecho de que Hypatia fuera pagana no quiere decir que el paganismo en conjunto sea digno de admiración y el hecho de que Cirilo fuera cristiano no significa que el cristianismo es condenable. Meter en el mismo saco a todo un colectivo, por un acto de ciertas personas, es hacer lo que Hypatia probablemente hubiera condenado.» Pero es que Amenábar ni hace una apología del paganismo ni, como queda dicho por nuestra parte, una descalificación global del cristianismo. Según recalca De Segovia en la reseña ya indicada, «los paganos y los judíos se presentan como igualmente violentos» (yerra tristemente, sin embargo, al añadir que «la conclusión evidente es que la religión conduce a la intolerancia», cosa que choca con algún pasaje de la propia película, según ya hemos indicado).

Aún hay alguno que califica la película de «mortalmente aburrida», mientras, todavía con menos recato, otros se regodean en su supuestamente previsible fracaso comercial: «El batacazo va a ser de aúpa», afirmó osadamente uno en el día del estreno (el cual sería un éxito, corroborado las semanas siguientes por su permanencia en el número uno de las taquillas; al día de hoy, un mes después, sigue proyectándose en numerosísimos cines españoles; otra cosa es que, habida cuenta de ciertos problemas de distribución –p. ej., en Estados Unidos, confirmando de nuevo la intolerancia despertada por la película–, ésta pueda llegar a amortizar su caro presupuesto).

En suma, estamos hablando de una serie de críticos (respetables, por supuesto) que descalifican Ágora por su carácter presuntamente “anticristiano”. Y que lo hacen basándose en que la historia cuenta unos hechos (reales, no se olvide) en los que unos “cristianos” nominales cometieron actos, ésos sí, absolutamente anticristianos. Así es como los cristianistas anteponen su buen nombre (que no el de Cristo, en realidad) a la preocupación por el genuino evangelio y la auténtica praxis cristiana.

En este contexto, merece reseñarse especialmente la posición de la jerarquía española de la Iglesia Católica Romana: «Amenábar recurre al enfrentamiento entre la cosmovisión cristiana y la pagana, en un contexto histórico muy alejado de nuestras coordenadas, para emitir una sentencia histórica: si el paganismo fue luz, el cristianismo no ha sido otra cosa que oscuridad. […] Es un acto más en el combate sectario contra el cristianismo como raíz de nuestra cultura y como experiencia presente, protagonista del debate público.»

¿Otros que no han entendido la película? Nos cuesta creerlo. No ya porque los obispos españoles y sus portavoces, como refinados políticos que son, acostumbran a hilar fino. Ni siquiera solamente porque el filme, al subrayar el fanatismo y el afán de poder de quienes les precedieron, les señala de modo indirecto a ellos mismos. Sobre todo, porque la cinta, que resulta ambigua para un público mayoritariamente ignorante en materia religiosa, les viene de perlas para seguir adelante con su campaña victimista (ya se sabe: “el programa laicista”, “la dictadura del relativismo”, etc.).

Téngase en cuenta que son los mismos que llevan años usando agresivamente las ondas de radio y muchos otros medios para enfrentar, como ya hicieran en la II República, a unos españoles contra otros con el pretexto de la libertad religiosa y los valores cristianos. Los mismos que, a través de esos mismos medios, han dado un soporte ultrabelicista a las políticas del Imperio, particularmente desde el 11-S (ver El eje Washington-Vaticano). Los mismos que han venido convocando manifestaciones contra medidas (más o menos aceptables, pero generalmente legítimas) del gobierno con el propósito evidente de doblegar al estado. Los mismos que hinchan una y otra vez hasta extremos por completo inverosímiles las cifras de asistencia a dichas manifestaciones, revelando así que su afán de ganar es mayor que su amor a la verdad (esencial atributo cristiano). Los mismos, en fin (pero sin agotar el asunto) que instrumentalizan el aborto (crimen reprobable, no hay duda) con objeto de acrecentar sus propias cuotas de poder, mientras reciben con los brazos abiertos en su seno a un abortista (y genocida) impenitente como Tony Blair.

Son éstos, y su legión de seguidores, los que pretenden dar lecciones a Amenábar y a quienes aprecian el buen trabajo de éste en Ágora. Éstos y sus pares u homólogos en otros países, más o menos instalados en posiciones de poder (recuérdese que Bush, Aznar, Obama, Brown, Sarkozy, Merkel… y un largo etcétera se declaran “cristianos” y/o defienden explícitamente una mayor presencia del “cristianismo” en el mundo actual).

A diferencia de ellos, en cambio, el humilde Maestro de Nazaret no pretendía imponer nada. Su “Sígueme” era una invitación, apremiante, es cierto, pero nunca coercitiva. Se declaraba «manso y humilde de corazón» (Mateo 11: 29) y a fe que lo era. Él no pretendía ganar a toda costa, como lo prueba el hecho de que clamase llorando contra los inquisidores de su tiempo (ver Mateo 23: 13ss.). Y que, tras una vida de no violencia estricta, acabase colgado de una cruz desde la que, como recuerda Amenábar en su magnífica película, perdonó a sus enemigos (ver Lucas 23: 34). Ya lo había anticipado así el profeta cuando, subrayando su mansedumbre, dijo: «Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, no abrió su boca» (Isaías 53: 7).

Cuando la jerarquía y sus acólitos mediáticos vuelven a enseñar sus dientes contra un presunto “no cristiano”, lo que están haciendo es animar a todos sus seguidores, pero también al conjunto de la sociedad, a perseguir y maltratar a todo aquél que no piensa como ellos, en lugar de evangelizarlo. Les están incitando a perder, una vez más, la oportunidad de ser cristianos genuinos. Y, en el fondo, les están invitando a volver a crucificar a Jesús (ver Mateo 25: 41-46).

Frente a ese espíritu se alza Ágora, película cristiana que, en nuestra modesta opinión, todo seguidor del Maestro debería recibir con alborozo. No en vano es un canto a la libertad de conciencia, al sagrado respeto que merecen los demás piensen lo que piensen, y una denuncia del odio sectario, tarea que debería ser siempre primaria en quienes se reclaman adeptos de la religión del amor (ver 1 Corintios 13).

Concluyendo, cabe decir que, por desgracia, la película que nos ocupa, pese a narrar una historia del pasado, ha resultado ser una profecía que se autocumple. Ciertamente, no lo tenía difícil, pero, ¡qué descorazonador resulta que un filme que denuncia los prejuicios, que nos puede ayudar a meditar e incluso a crecer moralmente, sea utilizada por tantos para seguir alimentando esos mismos prejuicios! Así Ágora deviene para muchos (gracias a Dios, no para todos) una nueva oportunidad desaprovechada, un nuevo clamor desatendido.

En este sentido, al menos en alguna medida, sí se podrá decir que Amenábar ha fracasado. Su narración serena, su enfoque pacífico, su apelación a la reflexión quedan en muchos enturbiados por la ofuscación personal y las directrices de la “Santa Madre Iglesia”. No nos extrañaría mucho que ese resultado, tan ajeno a su propósito, a Alejandro le suscite alguna tristeza.

Quizá porque, en el fondo, es más cristiano que ellos.

Guillermo Sánchez y Juan Fernando Sánchez, editores y redactores de http://www.laexcepcion.com

lunes 9 de noviembre de 2009

L@ COMUNIC@CIÓN (Escrito por Luis Cisternas para 2a1/2luz)

Hoy os proponemos un texto de un amigo recio, chileno bregado en mil batallas, emigrante empedernido, que ha pasado media vida entre su propio país y Canadá, Suiza (donde nos conocimos sin saberlo), Israel, España, y alguno más, que probablemente desconozco. Hemos trabajado juntos, pues la ¿providencia? volvió a reunirnos en Zaragoza, y aprendí a apreciar su tesón, su gusto por el trabajo bien hecho (es electricista), sus infinitas inquietudes culturales, y su búsqueda de la excelencia. Nos trae aquí una reflexión sobre un asunto secular, con grandes implicaciones espirituales. Os dejo con su texto, que dará, estoy convencido, un magnífico lustre a 2a1/2luz. Espero que lo disfrutéis, como yo lo he hecho:

Cada día que pasa nos asombramos mas del progreso del hombre en cuanto a su capacidad por ejecutar y realizar cosas en su propio beneficio. Este beneficio repercute en toda la sociedad de la cual dependemos, independiente o no de la tarea que ésta nos haya encomendado para el desarrollo y progreso de la misma.

Esto nos lleva a analizar una interrogante que forma parte de la estructura social en la cual nos desenvolvemos a diario ¿Es tan importante el avance tecnológico que para ello tengamos que sacrificar el motivo mas trascendental de nuestro paso por esta vida?

Se preguntarán ¿y qué es aquello? Pues muy sencillo, amigos míos. La Comunicación. Sí, así es. Algo simple, tangible y que para lo cual no se necesita poseer un titulo universitario para establecer un diálogo, un discusión o una simple tertulia entre amigos que ayude a fomentar y estrechar lazos entre personas de diferentes estratos sociales, culturales, religiosos y hasta étnicos, sin que ello nos cueste renunciar a nuestros puntos de vista.

Hoy en día, esa tecnología a la que he hecho una alusión destacada al inicio de este artículo, nos está robando ese espacio de tiempo que antes ocupábamos para hablar o dialogar. El ordenador de sobremesa o el portátil nos permiten realizar una labor de comunicación. Es eso cierto, pero de forma silenciosa. Nos observamos a través de diminutas cámaras denominadas WEB, con las cuales nos podemos ver e intercambiar gestos, muecas, sonrisas y lágrimas, de forma fría e impersonal, que no trasuntan ni en el tiempo ni en el espacio.

Otra de las formas mas comunes de establecer diálogos modernos son los mensajes de teléfonos móviles. Es verdad que contribuyen a una mayor comunicación entre semejantes, sobretodo entre los más jóvenes. Pero la forma desgarbada, e incomprensible de su escritura, no favorecen al enriquecimiento del idioma –en este caso el español, uno de los más ricos en terminologías que existe en el mundo. Muy por el contrario, fomenta y aumenta la oportunidad de cometer faltas de ortografía y vulgarizar la lengua que inmortalizara Cervantes.

Hace ya algunas décadas, escribir una carta ¡con nuestra propia escritura! constituía una verdadera hazaña digna de ser elogiada en todo su contexto. Porque lo hacíamos de forma artesanal, con un bolígrafo común y silvestre –de esos que nos manchaban las manos y la camisa dominguera con tinta—. Y entonces, comenzábamos a garabatear nuestros pensamientos, penas, angustias, alegrías y satisfacciones sobre una humilde hoja de papel, que en algunos casos ni siquiera tenía líneas, por lo que debíamos echar mano a toda nuestra destreza manual para evitar distanciarnos del reglón imaginario que solo veíamos en nuestra mente.

Nos costaba lágrimas intentar no cometer faltas de ortografía ya que, generalmente, no teníamos un diccionario a mano que nos indicara el cómo debería escribirse aquello que nos resultaba tan fácil hablar, pero tan complicado intentar llevarlo al papel, traducido en caracteres idiomáticos, que nos permitían comunicarnos con nuestros seres queridos para contarles como estábamos y qué era de nuestra existencia. El único inconveniente era que éstos se enteraban de lo que habíamos plasmado en aquella hoja de papel casi dos semanas después de haberla enviado. Eso era cuando el tiempo lo permitía. De lo contrario, ese lapso podía prolongarse una semana más o, quizás, perderse en alguno de los trayectos que debía recorrer hasta llegar a su hipotético destino.

Ésta era la parte romántica de este proceso de comunicación, no exento de incertidumbre, después de todo ese sacrificio que nos había costado finalizar aquel texto...

Hoy, nos basta con acceder a nuestro correo electrónico para enviar un mensaje, casi instantáneo, a cualquier rincón del planeta, para que sea leído por aquellos a los cuales queremos hacer partícipes de nuestros logros, alegrías o tristezas, sin siquiera preocuparnos de si está bien o mal escrito, ya que el ordenador se encargará de avisarnos de lo que hay que corregir, de aquello que no hemos comprendido u olvidado cómo se escribe. Además, no se pierde, porque aunque eso ocurre hasta en estos correos, basta con echar mano al archivo para enviarlo de nuevo sin que siquiera haya perdido un ápice de su calidad...

¡Bendita sea la comunicación! Como podéis observar solo nos basta la disposición, y el diálogo se establecerá como por arte de magia. Lo malo es que cada día esa magia se extingue cada vez más por culpa del materialismo recalcitrante que solo fomenta entre nuestra especie algo que no existe en otras, como la envidia, la codicia y el odio, sobretodo por aquellos que no reúnen los requisitos mínimos del gusto de una minoría carente de sentido común y de humanidad.

Aún estamos a tiempo de salvar el planeta de la extinción total por culpa de la incomunicación. Es tarea de todos aquellos que deseáis vivir en un mundo donde aún la familia pueda reunirse en torno de una chimenea imaginaria. Donde podamos percibir el calor de aquellos que forman parte nuestra. Donde podamos escuchar el relato del miembro mas anciano de nuestra familia sobre cómo era la vida y la comunicación en aquellos días donde no había ordenadores, ni teléfonos móviles que enviaban mensajes repletos de faltas de ortografía, ni correos electrónicos, periódicos digitales, ni pequeñas camaritas que escudriñan nuestra intimidad sin vergüenza alguna.

Ésa es nuestra tarea, hermanos en esta cruzada, intentar reconciliarnos con el diálogo y la comunicación, para mejorar la reputación de la especie dominante en el único planeta habitado (hasta este instante) de nuestro sistema solar.

¿Cómo podemos contribuir a que eso sea una realidad? Muy fácil: comunicándonos entre nosotros mismos... Y ¿cómo? Aún más sencillo ¿Es que acaso no tenéis un teléfono móvil o un correo electrónico que sirva para decidir dónde podemos quedar?

¿De qué se extrañan? ¿No se han dado cuenta que ya no podemos vivir sin estos productos que la ciencia ha creado para que podamos comunicarnos?

¡Como me gustaría que pudierais ver vuestros rostros a través de mi camarita!

En verdad, hermanos en esta cruzada, no olvidemos la verdadera esencia de la comunicación, que no es otra que nosotros mismos... Con nuestros errores y nuestras virtudes...

Hasta la próxima, amig@s...

lunes 2 de noviembre de 2009

LA INCREÍBLE HISTORIA DE MORREO Y BRAGUETA



No soy Shakespeare, es bastante evidente por muchas razones. ¡Ja, ja, ja! Pero podéis evocar a Romeo y Julieta. Os propongo un tema poco popular, muy ‘retro’ para el gusto de la mayoría de seguidores del blog, pero me parece interesante plantearlo y ver qué pasa. Algo así como una encuesta viva.
Hoy las personas solemos empezar la casa por el tejado. En el tema que os propongo, aunque pueda llegar al tema moral os lo voy a presentar como una cuestión de madurez contextualizada. A ver si me sale o me quedo sólo en una propuesta que suena bien. Parto de la base de que soy creyente, aunque parezca algo de Perogrullo, para decir que Dios un día imaginó un potente pegamento que, no obstante, funcionaría en cualquier circunstancia. Las relaciones sexuales.
Muchas personas que apenas se conocen intiman hasta este punto. Otras se conocen mínimamente pero se atraen irremediablemente y las hormonas empiezan a chocar unas con otras como las moléculas de agua cuando hierven. Algunas prefieren el largo proceso del cortejo y la conquista en el marco de una relación esporádica que parece
dar mejor escenario y cobertura al acoso y derribo. Esto, que antes era sólo una actitud puramente masculina ahora la comparten sin problemas muchas mujeres. Así, a veces, un grupo de chicas ha lanzado piropos tan ‘salidos’ a alguno de mis hijos mayores que han sido capaces de sonrojarlo. Por no hablar de la necesidad de afecto que las lleva a imitar la que antes era la actitud exclusiva del macho dominante en busca de hembra fecunda para procrear.
Otro marco distinto es el de las personas que se aman, viven una relación consolidada y que ha ido creciendo en madure, elaborando un proyecto de vida en común.
Así, encontramos dos contextos en los que el sexo se presenta, el casual o accidental, el de la diversión sin compromiso y el que se da como fruto de una relación de amor y entregada totalmente en cuerpo y alma.
Me centraré en la primera, me parece más interesante para comentar. La edad de inicio de las relaciones sexuales varía con las culturas pero los indicios muestran que en Europa la edad en la que empiezan a tenerse relaciones sexuales es cada vez menor, partiendo desde los 12 años. Desde mi punto de vista de creyente, opino que usar algo que Dios creó para desarrollarse en un contexto concreto como elemento cohesionador y unificador, capaz de unir a dos personas en la expresión más fuerte e íntima de entrega, confianza y complicidad fuera del contexto de una relación seria, es desvirtuar la relación sexual y causar graves perjuicios al individuo que la practica.
He tenido amigos que pasaron su adolescencia de relación en relación y que en periodos más ‘desbocados’ tuvieron sexo con toda aquella chica que se puso a tiro. He visto también a estos amigos en manos de psiquiatras y de fármacos. A otros los he visto llorar porque no sabían si querían a su chica o no. No sabían lo que era el amor. ¿Por qué querían a una mujer? No lo sabían. ¿Por el sexo? Cuando ves a una persona que se supone adulta y/o madura totalmente desorientado porque ha pasado su adolescencia y juventud teniendo como hobby el sexo y la forma más eficaz de conseguirlo es cuando empiezas a entender algunas cosas.
Algo que debería ser fruto del amor y el resultado de la comunión máxima de una pareja, es tratado como una pura diversión, una necesidad, un mero instinto, como un elemento que simplemente forma parte de la supervivencia de la especie. Dicen: ‘mientras estén de acuerdo’…
Hay todavía una distinción en la Biblia entre el amor y la mera relación sexual. Para Dios la relación sexual fuera del matrimonio es fornicación. Legítima causa de divorcio, o por lo menos consentida por Dios. Pero este concepto es totalmente impopular en nuestro tiempo. Ya estoy imaginando la expresión de algunos de nuestros seguidores que no comparten ideología religiosa con nosotros y la entiendo. Pero también convendréis conmigo en una cosa, por lo menos. La relación sexual debería poder explicarse desde el punto de vista de la afectividad, del respeto, de la madurez, del compromiso… Es normal que cada uno decida, Dios nunca nos ha quitado esa libertad. Pero parto de la premisa de que cuando él me desaconseja algo es por mi bien y porque sabe cuáles son los contextos ideales en los que ciertas cosas deben vivirse. Desatender esas orientaciones trae consecuencias:
• Personas engañadas por el sexo. Pensaron que tenían una relación con alguien y todo era fachada.
• Personas afrontando los retos que supone el quedar psicológica y afectivamente unido a una persona por el contacto físico y la mera atracción con la consiguiente explosión de excitación apasionada, sin haber construido antes una sólida relación de amistad o por lo menos de suficiente conocimiento mutuo que les llevara a ese momento con la madurez afectiva necesaria y recomendable.
• Personas afrontando las consecuencias psicológicas, afectivas y sociales de haber usado mal su sexualidad. Con una manifiesta incapacidad para ver a la otra persona como alguien respetable y digna sin poder evitar dirigir su atención, sus miradas y su consideración a otra cosa que no sean los atributos sexuales de la misma.
• Personas con incapacidad para la fidelidad dentro del matrimonio porque pasaron su adolescencia y juventud encadenando relaciones o, a veces, hasta simultaneándolas. En su mente siempre hay una comparación, recuerdos de momentos fuertemente eróticos y de sexo duro que han tenido con otras personas y su incapacidad para afrontar con normalidad su relación en curso. Siempre tienen tendencia a mirar con deseo difícilmente controlado a otras personas y no están seguros de si su actual pareja estará a la ‘altura’ de sus expectativas sexuales, dadas las tremendas experiencias que ha vivido con otras.
Me he basado en la realidad que conozco. No he necesitado de estudios de psicólogos cristianos, por lo tanto ya condicionados por unos presupuestos morales determinados, para poder afirmar todo lo que he dicho. He visto en otros las claras consecuencias del uso del sexo de forma natural, habitual, cotidiana, regular, indiscriminada y exhibida como bandera de total libertad.
Podéis discutir cada una de los apartados que he expuesto, pero me preocupa, como educador, que los niños tengan que afrontar esta lluvia de sexo por todas partes, su invitación a practicarlo como símbolo de inteligencia y madurez, su sensación de sentirse extraterrestres si a determinada edad no han tenido aún su primera experiencia y la facilidad con la que en la sociedad se acepta con total normalidad que los chicos jueguen a ser mayores con un tema tan delicado que ni los propios adultos sabemos gestionar adecuadamente. Porque si empezáramos a hablar de las carencias educativas sobre este asunto no terminaríamos. Y no me refiero a la información, es ese vacío de lo que a algunos les produce horror sólo mencionarlo lo que nos está aportando todo este problema: formación moral, pudor, prudencia, recato, decoro, respeto y auto control. A muchos esto les suena a: represión, moral medieval, mentalidad retrógrada, conceptos desfasados, inquisición y otra cosas por el estilo.
Tema chungo ¿Eh? ¿Cómo protegemos a los niños de esta inundación? ¿No hay que protegerlos? ¿Es exagerado? ¿No hay que orientar la libertad de nadie? Os espero con los dos carrillos expuestos, no hay problema. Si asumo esta entrada ya entiendo que algunos no estarán de acuerdo porque posiblemente les ha tocado educarse en un colegio de monjas de turno en el que se les ha dicho más de una vez: ‘caca nene, eso no se toca’. ¿Es que es eso lo que yo estoy proponiendo? ¿Es que estoy diciendo siquiera que el sexo es malo? ¿Alguien puede mal interpretar y confundir educación con inquisición desde mi discurso?
El plato está servido. ¿Gustáis?
¡Ja, ja, ja! ¡Más madera!

lunes 26 de octubre de 2009

LA MARCA DE LA BESTIA YA ESTÁ AQUÍ...

Hace ya algún tiempo que vengo recibiendo correos electrónicos como el que os pego más abajo. He querido compartirlo con vosotros para que tengamos la oportunidad de reflexionar sobre una forma de entender la religión que ha apartado, a mi entender, a miles de personas (si no millones...) del lado de los creyentes. No quiero hacer ahora excesivos comentarios sobre el asunto, hasta que no lo hayáis leído, ya que me podría el sarcasmo, y no sería justo. Valorad por vosotros mismos, y compartid con nosotros vuestras reflexiones. Ahí va...

LO QUE UD. VA A VER AHORA... ES LA MÁS RECIENTE NOVEDAD DE ESTE MUNDO... ES DEL TAMAÑO DE UN GRANO DE ARROZ. Viene como una novedad “ventajosa”, ¡que eliminará cualquier necesidad de usar documento o dinero! Y Ud. lo usará, por las ventajas y por imposición... Ya es usado como inhibidor de secuestros por empresarios en el mundo entero. ¡¡¡HUYA DE ESO!!!

La empresa MOTOROLA es la que está produciendo el microchip para MONDEX SMARTCARD, que desarrolló varios implantes en humanos usando el bio-chip. El bio-chip mide 7mm de largo y 0.75mm de ancho, más o menos del tamaño de un grano de arroz. Contiene un transpondedor y una batería de litio recargable. La batería es recargada por un circuito de termopar que produce una corriente eléctrica con fluctuaciones de la temperatura del cuerpo.

EL TRANSPONDEDOR ES UN SISTEMA DE ALMACENAMIENTO Y LECTURA DE INFORMACION EN UN MICROCHIP, CUYA LECTURA SE DA EN ONDAS COMO DE CONTROL REMOTO. MEMORICE ESTE NOMBRE Y SU MARCA.

Más de 250 corporaciones en 20 países están involucradas distribuyendo MONDEX al mundo, y muchas naciones ya fueron “privilegiadas” para usar el sistema; entre ellas: Reino Unido, Canadá, E.U.A., Australia, Nueva Zelanda, Israel, Hong Kong, China, Indonesia, Macau, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Índia, Taiwan, Sri Lanka, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Honduras, El Salvador y Brasil.

Están siendo usados otros sistemas de SMARTCARD en favor del MONDEX, especialmente desde que MASTER CARD compró una participación del 51%, apostando por la compañía. Al final, ¿qué tengo que ver YO con eso?, se preguntará usted...

Ellos gastaron más de 1.5 millones de dólares en estudios, sólo para saber cuál era el mejor lugar para colocar este biochip en el cuerpo humano. Ellos sólo encontraron dos lugares satisfactorios y eficientes - la CABEZA, debajo del cuero cabelludo, y la parte detrás de la mano, específicamente la MANO DERECHA!

“Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha o en la frente”. Apocalipsis 13:16 “Y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”.. Apocalipsis 13:17

¿NO ES MUCHA COINCIDENCIA...?

Están siendo producidos, actualmente, mil millones de biochips MONDEX por año, y ya estuvieron en producción durante por lo menos un año. Se descubrió que si el chip estuviese en una tarjeta, habría algunos problemas serios. El chip podría ser cortado e informaciones serían cambiadas o falsificadas. Los valores podrían ser alterados, robados o perdidos. Después de la implantación de la tarjeta, esta misma debería salir de uso dentro de algunos años (1 a 2 años, o un poco más). En fin, el “dinero vivo” no será más seguro de aquí en más para el comercio en general. Hay una sóla solución para este problema, adoptada por la empresa Motorola: el implante del biochip en la mano derecha o en la cabeza. De donde no podrá ser sacado después de realizado el implante. Si fuese extraído quirúrgicamente, la pequeña cápsula se quebraría y el individuo será contaminado por el litio contenido en la microbatería, y luego el Sistema de Posicionamiento Global (por satélite) detectaría si fue retirada, colocando a la polícia en alerta. Para tener en cuenta, MONDEX significa... " dinero en la mano derecha":

MON = monetario - perteneciente al dinero.
DEX = DEXTER - perteneciente o localizado en la mano derecha.

Y ahora, ¿lo va a tomar en serio...?

Si a Ud. le interesó este mensaje, páselo al mayor número de personas que pueda, ¡¡pues aquél que tuviere la marca de la bestia no será salvo cuando JESUS vuelva por segunda vez!!

IMAGINE A SUS PARIENTES, AMIGOS, CONOCIDOS, EN FIN, TODAS LAS PERSONAS QUE UD. CONOCE, USANDO ESTE SISTEMA, HACIENDO LA VOLUNTAD DE LUCIFER, QUE INSISTE EN MARCAR A LAS PERSONAS QUE LE SIRVEN, PARA QUE EN EL DIA DEL JUICIO FINAL, ÉL TENGA ARGUMENTOS CONTRA UD. Y LE DIGA A DIOS QUE UD. ES POSESIÓN SUYA.... Y UD. NO SE PUEDA DEFENDER...

Daniel 12:4 “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”.

Ahora, Ud. que es inteligente, pero aún duda de esta información, haga lo siguiente: vaya a http://www.google.com.br/. Busque la palabra “VERICHIP” y lea apenas algunos de los ítems incluídos allí (pida la versión traducida si Ud. no lee inglés). Haga lo mismo con la palabra “MONDEX SMARTCARD”.

Después de eso, Ud. nunca más podrá alegar ignorancia. ¡¡Que Dios lo bendiga!!

¡¡¡SI AMA A DIOS ENVÍE EL MENSAJE!!!

Hasta aquí el correo que recibí. Necesito que me iluminéis, ya que no voy a poder dormir hasta entonces... ¿Veis? Ya me ha podido el sarcasmo. Si es que no puede ser...

lunes 19 de octubre de 2009

EGO SUM



No me preguntéis por qué, pero tengo cada vez mayor necesidad de abrir mi corazón y hablaros de todo aquello que está haciendo que mi vida sea cada vez más útil. Me está cambiando por dentro y me doy cuenta de cuánto me queda.
Jesús habló de dos caminos. Uno ancho que lleva a la perdición y otro estrecho que conduce a él. ¿Por qué estrecho? ¿Porque es más cómodo dejarse llevar? ¿Porque es más fácil impedir a Dios que dirija-administre-controle nuestra vida? ¿Quizá las preguntas son incorrectas?
Ya veis que voy al grano. Dios puede orientar, guiar, ayudar pero nunca controlar, manipular, coaccionar o cualquier cosa que se parezca a la anulación de la libertad o la voluntad que él mismo nos dio como uno de los mayores tesoros. Sería muy fácil dejar que tomara nuestra voluntad para volvernos personas infalibles, santas-santísimas de la muerte y buenas-buenísimas del copón. No. En lugar de eso sugiere, susurra sin gritos, está llamando a la puerta, activa nuestra voluntad si nosotros le pedimos ayuda, nos mira compasivo y amoroso, nos invita y estimula, nos atrae con su amor incomparable, con su fidelidad absoluta. Ilumina nuestro camino y nos deja decidir.
Lamentablemente los seres humanos no tomamos decisiones serias y verdaderamente trascendentales hasta que no nos llega el agua al cuello. A veces Dios deja que nos estampemos contra la pared. Una y otra vez nuestro camino conduce al desastre, él nos evita muchos disgustos hasta que finalmente no queda otra solución más que dejar que ocurra lo inevitable, por ser algo constantemente buscado. La historia del antiguo testamento está llena de tozudeces humanas, de advertencias divinas y de empecinamientos que no han dejado más opción que un enorme descalabro. Basta recordar la historia concreta de Sansón, entre muchos ejemplos, incluida la del propio pueblo de Israel con sus idas y venidas. Invasiones y vueltas a Dios. Esclavitudes y liberaciones para volver a caer poco tiempo después en la misma piedra. ¿No es acaso tu historia y la mía?
Si nos estáis de acuerdo lo diréis en los comentarios, para mí es muy claro que somos cabezotas, desconfiados, rebeldes e indómitos por naturaleza. Eso que la Biblia llama pecado y que no es otra cosa más que la desarmonía entre el hombre y Dios.
¿Cuál es tu problema? El mío es mi propio ego. Yo soy. Quiero estar por encima de Dios. Mil consejos me ofrece, mil veces los pongo en duda deseando hacer, decidir o pensar otra cosa. Hay oraciones que nunca saldrían de nuestros labios si desde el principio tuviésemos claro que el consejo de fábrica es el más adecuado. Decimos: “dame esto o aquello”. Pero no llega, y no llega, y no llega. ¿Cuándo se pone a prueba nuestra fe y cuándo el Señor no nos va a dar esa solución? No tengo respuestas a eso, sólo soy uno de vosotros. No soy Dios, aunque a veces lo haya pretendido. ¿Añadimos, como Jesús, ‘pero no sea hecha mi voluntad sino la tuya’?
Jesús sabía que lo que estaba escrito llegaba a su encuentro de forma inexorable, sin embargo no se rebeló contra el Padre. Si había que morir para demostrar la locura humana y diabólica y contrastarlo con su propio amor, el del Padre y el del Espíritu de la Creatividad lo haría, pero no sin temor, no sin súplica por liberación: “En los días de su vida terrenal, Cristo ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte. Y fue oído por su reverente sumisión”. Hebreos 5: 7. ¿Por qué dice que fue oído si murió y sufrió una muerte terrible y atroz? El oído de Dios no depende de las circunstancias, su respuesta no siempre es la que creemos necesitar, su verdadera bendición va más allá de lo que ven nuestros ojos y tiene un alcance y una dimensión eterna. Cristo resucitó, Jesús fue oído porque recibió consuelo y ánimo para la batalla final. El ángel de Dios lo visitó después de sus intensas oraciones buscando alivio y liberación. Pero…, la cruz no desapareció de su camino. El diablo se empeñó hasta sus últimas consecuencias y la guerra se ganó con la vida y la resurrección del Gran Maestro. No sólo con su muerte, como enfatizamos tanto los cristianos. Me fastidia escuchar que un sacrificio salvaje, brutal, cruel, injusto, diabólico, despiadado, sádico, odioso, malvado y sangriento me de la vida eterna. ¿Sabéis de qué hubiese servido eso si Jesús no hubiese sido el hombre perfecto, sin mancha, ideal e irrepetible? De nada. Me salva su vida y me salva su amor. La cruz es un clímax demostrativo de un calibre inmensurable. ¿Quién puede amar tanto? La resurrección es lo único que podía pasar después de que un hombre sin maldad ni pecado ofreciera su vida de forma gratuita para mostrar la maldad humana y la degeneración absoluta del Demonio, véase Satanás y su hueste. Así que Cristo fue oído por su reverente sumisión. Rindió su ego al Padre y se sometió, con Él, al mayor ultraje de la historia, al crimen más demoniaco. Fue oído porque nunca quiso tomar otro camino que el que debía tomarse a favor de su creación, tú y yo. Fue oído porque caminó toda la vida asido de la mano del amor hasta en los momentos en los que pudo haberse librado: “¿Acaso no puedo orar a mi Padre, y en el acto me daría más de doce legiones de ángeles?” Mateo 26: 53 Los textos que siguen hablan de la previsión de Dios, de profecía. Pero olvidamos que todo lo que se predice no necesariamente está de acuerdo con la voluntad de Dios. Sólo se anuncia con anterioridad porque Dios conoce el corazón del Diablo y sus perversas intenciones y Él no se equivoca cuando mira dentro de nosotros. Nunca falla.
¿Y tú y yo? ¿Acaso no necesitamos rendir nuestro ego a Dios y no es esta la batalla más dura que jamás libraremos? Él no anula nuestra voluntad, nos deja decidir, pero si lo hacemos bien y seguimos el Manual de Instrucciones, el ‘mecanismo’ funcionará de forma adecuada. Pasamos la vida construyéndonos una reputación, alimentando la autoestima y esto no es un mal concepto ni una mala meta. La Biblia dice que no sólo evitemos el mal sino la apariencia de mal, o que valemos tanto como para que Dios hiciera lo que hizo por nosotros. No es Dios quien quita valor a la vida del hombre. Somos nosotros. Sin embargo también dice que seamos humildes, que nadie tenga más alta estima de sí mismo que la que debe tener, que si de algo deberíamos estar felices es de conocer a Dios y que tengamos buena, alta y excelente opinión de los demás, incluso más que de nosotros mismos. Pero nuestro ego entra en competencia con los demás a la mínima ocasión. Nuestra opinión debe estar por encima porque somos más inteligentes, porque no somos capaces de admitir que las cosas pueden ser de otra manera, porque si cedemos siquiera un ápice parece que nuestra estructura mental se va a derrumbar. Porque la sociedad te dice: ‘porque tú lo vales’, decide con el corazón más que con la cabeza, tienes derecho a ser feliz, el mundo es malo y has sufrido mucho… Puede que tenga razón en todo y hay que valorarlo en su justa medida, pero no hasta el punto de que por estas razones nos volvamos insensibles, pongamos nuestra opinión por encima de la de Dios o de la de los demás, de que tomemos decisiones egoístas, de que pasemos por encima de la ley del amor de Dios, de que justifiquemos nuestra manera desordenada de vivir, de que excusemos la destrucción del mundo que hemos construido equivocadamente dañando a todo el que nos rodea, cuando ellos mismos no se han dado cuenta, no lo han madurado igual o no han percibido lo que nosotros hayamos podido descubrir.
Cambiar de vida, incluso hacia el bien, no precisa de violencia y de daños colaterales. Indudablemente hay amigos, familiares o compañeros que no serán capaces de entender que cambiemos el mal por el bien, porque ya se sabe aquello de ‘mal de muchos, consuelo de tontos’. Pero no precisamos cambiar dañando gratuitamente, a cualquier precio o de forma egoísta. Bajo el consejo de: ‘necesitas pensar un poco en ti mismo’ se comenten muchos atropellos, mucha violencia afectiva, familiar, social o eclesial. No entro en detallar patologías, casos o situaciones porque hay personas enfermas, personas equivocadas y situaciones muy particulares. No me interpretéis mal porque entonces la entrada se perderá por caminos que no pretendo explorar. Sólo digo: cuidado con nuestro ego. Está sobrealimentado por la sociedad, la psicología, la educación y otros factores complejos que no podemos desarrollar aquí. Dios va en otro sentido y me dice: ‘humildad, sencillez, la segunda milla, un corazón apacible, una autoestima equilibrada, un ego dormido, una mente fuerte que no se daña por menudencias y que es capaz de resistir situaciones duras accionando con amor, no reaccionando con aspereza, dureza y reivindicación. Un ego sometido a la voluntad de Dios, una mente bien desarrollada en el arte de las buenas decisiones, una voluntad robusta capaz de seguir el camino del bien y del amor a pesar de cualquier circunstancia. ¿Recordamos a Jesús en Getsemaní? ‘Fue oído por su reverente sumisión’ ¿Duro? ¿Difícil? ¿Imposible? ¿Innecesario? ¿Desfasado? Echa tu leño con cariño en este fuego abierto para ti.

martes 13 de octubre de 2009

EL ÉXODO DESCIFRADO...


Hoy os proponemos echarle un ojo a un interesante documental, "Exodus decoded" ("El Éxodo descifrado"), realizado en 2006 por Simcha Jacobovici, un conocido periodista judío. Interesante, primeramente, por el formato. Nada inesperado si tenemos en cuenta que es el director de Titanic (James Cameron) quien lo produce y presenta, e History Channel quien lo realiza. Efectos multimedia, imágenes espectaculares, y un orden de razonamiento muy lógico y claro.

Pero es también especialmente interesante por el trabajo concienzudo realizado a lo largo de muchos años, que queda evidenciado en el material inédito que se ha recolectado. Desde la búsqueda de las evidencias de la existencia de José y el pueblo judío en Egipto, hasta documentos del relato de las plagas y el Éxodo judío. Especialmente sobrecogedoras son las tallas en piedra de la escena de la persecución por el mar Rojo.

El razonamiento se sigue a partir de datar el Éxodo en la época de la erupción del volcán Egeo en el archipiélago Santorini (Egeo, Grecia), una de las mayores explosiones volcánicas de la Historia. La secuencia de acontecimientos en las llamadas plagas de Egipto que precedieron al Éxodo -refrendados con otros acontecimientos similares de menor magnitud ocurridos posteriormente y ya en nuestro tiempo- es de tal coincidencia con el relato de la Biblia, que lo que escribe el Éxodo parece más una historia de un diario moderno que un relato de hace miles de años.

Finalmente, la explicación de las aguas del Mar Rojo abiertas (y luego cerradas) en lo que sería un gigantesco tsunami originado a partir del terremoto de la erupción volcánica no es sólo verosímil, sino que a través de las modernas imágenes del tristemente famoso tsunami de Indonesia podemos revivirlo trasladándonos al tiempo de Moisés. Y que coinciden de nuevo , en muchos detalles, con lo que el libro del Éxodo nos cuenta.

¿Qué imagen nos queda de Dios, si creemos que fue capaz de provocar tanto sufrimiento entre los egipcios para conseguir que “su pueblo” fuese liberado de la esclavitud? ¿Dónde quedan la infinita bondad, la cercanía y la ternura divinas, cuando afirmamos que Dios asesinó a todos los primogénitos de Egipto, en tiempos de la esclavitud israelita, por la testarudez de su faraón?

¿Y cómo cambiaría nuestra percepción de Dios si descubrimos que, en realidad, lo que ocurrió en el Éxodo no fue un genocidio divino, sino una serie de catástrofes naturales, concatenadas unas con las otras, y producidas todas por un cataclismo volcánico preconocido por Dios, y del que quiso anunciar su inminente llegada a Israel y a todo el pueblo egipcio?

Bajo esa perspectiva, las diez plagas que asolaron Egipto habrían sido desencadenadas por la catástrofe natural del volcán de Santorini, desde la transformación del agua del Nilo en roja (debida al hierro del fondo del lago) a la muerte de los primogénitos por asfixia, al inhalar los gases pesados derivados de la explosión (debida a que estos tenían el privilegio de dormir en camas y no en otros sitios como los balcones o tejados de las casas). Hasta ahora no había una hipótesis que explicara la muerte de los primogénitos egipcios, pero otros autores sí que habían explicado el resto de plagas como una reacción en cadena de catástrofes naturales (aunque con tesis diferentes, como la de que el color rojo del Nilo se debió a un exceso de microorganismos y ello provocó el aumento de población de ranas, las moscas y piojos, las fieras salvajes, peste y sarna). El divulgador histórico Isaac Asimov también había explicado el granizo mezclado con fuego y la oscuridad como consecuencia de la explosión volcánica que afectó a todo el Mediterráneo Oriental.

Sé que es difícil aparcar años y años de cultura bíblica basada en la literalidad de lo que pone en los textos sagrados, pero una contextualización pormenorizada se impone, si anteponemos la imagen que Jesús da de Dios (Padre bueno, preocupado por la felicidad de todos y cada uno de sus hijos, no sólo de “su pueblo”) a cualquier otra visión que de Él nos den las Sagradas Escrituras. Os invitamos a ver este documento de hora y media, que considero interesante en su originalidad, y por lo que representa de apoyo al texto bíblico. Al que ya cree le abre perspectivas nuevas. Y al que no cree (o lo hace a medias) le debería llevar a hacerse muchas preguntas, si es cierto lo que tan abrumadoramente se propone en el reportaje. Recuperando algo que se ha convertido en santo y seña de dosamedialuz: hay que revisarlo todo, para poder descubrir lo bueno que hay en cada explicación de las cosas…