Hoy os proponemos un texto de un amigo recio, chileno bregado en mil batallas, emigrante empedernido, que ha pasado media vida entre su propio país y Canadá, Suiza (donde nos conocimos sin saberlo), Israel, España, y alguno más, que probablemente desconozco. Hemos trabajado juntos, pues la ¿providencia? volvió a reunirnos en Zaragoza, y aprendí a apreciar su tesón, su gusto por el trabajo bien hecho (es electricista), sus infinitas inquietudes culturales, y su búsqueda de la excelencia. Nos trae aquí una reflexión sobre un asunto secular, con grandes implicaciones espirituales. Os dejo con su texto, que dará, estoy convencido, un magnífico lustre a 2a1/2luz. Espero que lo disfrutéis, como yo lo he hecho:
Cada día que pasa nos asombramos mas del progreso del hombre en cuanto a su capacidad por ejecutar y realizar cosas en su propio beneficio. Este beneficio repercute en toda la sociedad de la cual dependemos, independiente o no de la tarea que ésta nos haya encomendado para el desarrollo y progreso de la misma.
Esto nos lleva a analizar una interrogante que forma parte de la estructura social en la cual nos desenvolvemos a diario ¿Es tan importante el avance tecnológico que para ello tengamos que sacrificar el motivo mas trascendental de nuestro paso por esta vida?
Se preguntarán ¿y qué es aquello? Pues muy sencillo, amigos míos. La Comunicación. Sí, así es. Algo simple, tangible y que para lo cual no se necesita poseer un titulo universitario para establecer un diálogo, un discusión o una simple tertulia entre amigos que ayude a fomentar y estrechar lazos entre personas de diferentes estratos sociales, culturales, religiosos y hasta étnicos, sin que ello nos cueste renunciar a nuestros puntos de vista.
Hoy en día, esa tecnología a la que he hecho una alusión destacada al inicio de este artículo, nos está robando ese espacio de tiempo que antes ocupábamos para hablar o dialogar. El ordenador de sobremesa o el portátil nos permiten realizar una labor de comunicación. Es eso cierto, pero de forma silenciosa. Nos observamos a través de diminutas cámaras denominadas WEB, con las cuales nos podemos ver e intercambiar gestos, muecas, sonrisas y lágrimas, de forma fría e impersonal, que no trasuntan ni en el tiempo ni en el espacio.
Otra de las formas mas comunes de establecer diálogos modernos son los mensajes de teléfonos móviles. Es verdad que contribuyen a una mayor comunicación entre semejantes, sobretodo entre los más jóvenes. Pero la forma desgarbada, e incomprensible de su escritura, no favorecen al enriquecimiento del idioma –en este caso el español, uno de los más ricos en terminologías que existe en el mundo. Muy por el contrario, fomenta y aumenta la oportunidad de cometer faltas de ortografía y vulgarizar la lengua que inmortalizara Cervantes.
Hace ya algunas décadas, escribir una carta ¡con nuestra propia escritura! constituía una verdadera hazaña digna de ser elogiada en todo su contexto. Porque lo hacíamos de forma artesanal, con un bolígrafo común y silvestre –de esos que nos manchaban las manos y la camisa dominguera con tinta—. Y entonces, comenzábamos a garabatear nuestros pensamientos, penas, angustias, alegrías y satisfacciones sobre una humilde hoja de papel, que en algunos casos ni siquiera tenía líneas, por lo que debíamos echar mano a toda nuestra destreza manual para evitar distanciarnos del reglón imaginario que solo veíamos en nuestra mente.
Nos costaba lágrimas intentar no cometer faltas de ortografía ya que, generalmente, no teníamos un diccionario a mano que nos indicara el cómo debería escribirse aquello que nos resultaba tan fácil hablar, pero tan complicado intentar llevarlo al papel, traducido en caracteres idiomáticos, que nos permitían comunicarnos con nuestros seres queridos para contarles como estábamos y qué era de nuestra existencia. El único inconveniente era que éstos se enteraban de lo que habíamos plasmado en aquella hoja de papel casi dos semanas después de haberla enviado. Eso era cuando el tiempo lo permitía. De lo contrario, ese lapso podía prolongarse una semana más o, quizás, perderse en alguno de los trayectos que debía recorrer hasta llegar a su hipotético destino.
Ésta era la parte romántica de este proceso de comunicación, no exento de incertidumbre, después de todo ese sacrificio que nos había costado finalizar aquel texto...
Hoy, nos basta con acceder a nuestro correo electrónico para enviar un mensaje, casi instantáneo, a cualquier rincón del planeta, para que sea leído por aquellos a los cuales queremos hacer partícipes de nuestros logros, alegrías o tristezas, sin siquiera preocuparnos de si está bien o mal escrito, ya que el ordenador se encargará de avisarnos de lo que hay que corregir, de aquello que no hemos comprendido u olvidado cómo se escribe. Además, no se pierde, porque aunque eso ocurre hasta en estos correos, basta con echar mano al archivo para enviarlo de nuevo sin que siquiera haya perdido un ápice de su calidad...
¡Bendita sea la comunicación! Como podéis observar solo nos basta la disposición, y el diálogo se establecerá como por arte de magia. Lo malo es que cada día esa magia se extingue cada vez más por culpa del materialismo recalcitrante que solo fomenta entre nuestra especie algo que no existe en otras, como la envidia, la codicia y el odio, sobretodo por aquellos que no reúnen los requisitos mínimos del gusto de una minoría carente de sentido común y de humanidad.
Aún estamos a tiempo de salvar el planeta de la extinción total por culpa de la incomunicación. Es tarea de todos aquellos que deseáis vivir en un mundo donde aún la familia pueda reunirse en torno de una chimenea imaginaria. Donde podamos percibir el calor de aquellos que forman parte nuestra. Donde podamos escuchar el relato del miembro mas anciano de nuestra familia sobre cómo era la vida y la comunicación en aquellos días donde no había ordenadores, ni teléfonos móviles que enviaban mensajes repletos de faltas de ortografía, ni correos electrónicos, periódicos digitales, ni pequeñas camaritas que escudriñan nuestra intimidad sin vergüenza alguna.
Ésa es nuestra tarea, hermanos en esta cruzada, intentar reconciliarnos con el diálogo y la comunicación, para mejorar la reputación de la especie dominante en el único planeta habitado (hasta este instante) de nuestro sistema solar.
¿Cómo podemos contribuir a que eso sea una realidad? Muy fácil: comunicándonos entre nosotros mismos... Y ¿cómo? Aún más sencillo ¿Es que acaso no tenéis un teléfono móvil o un correo electrónico que sirva para decidir dónde podemos quedar?
¿De qué se extrañan? ¿No se han dado cuenta que ya no podemos vivir sin estos productos que la ciencia ha creado para que podamos comunicarnos?
¡Como me gustaría que pudierais ver vuestros rostros a través de mi camarita!
En verdad, hermanos en esta cruzada, no olvidemos la verdadera esencia de la comunicación, que no es otra que nosotros mismos... Con nuestros errores y nuestras virtudes...
Hasta la próxima, amig@s...
9 comentarios:
Es una pena que nos dejemos llevar por el consumismo incluso en la comunicación con los demás. Consumimos las palabras sin preocuparnos de su significado, ni del impacto que producen en los demás. Hablamos sin comunicar nada, meras palabras vacias de todo contenido , ya sea emoción o principio. Intercambiamos fotos en internet,y nos olvidamos de mirar a los ojos a quien tenemos enfrente, y mucho menos nos interesa saber cómo se encuentra, porque lo más importante es cómo estoy yo. Al ser consumistas de la comunicación terminamos consumiéndonos nosotros mismos. Arrate
Queridos todos, gracias a toda esta tecnologia moderna puedo "charlar" con todos vosotros y participar en discusiones maravillosas y enriquecedoras; puedo mantenerme en contacto diario con mi hija y verla, ya que esta estudiando este curso en España; he tenido la oportunidad de volver a ponerme en contacto y retomar amistad con amig@s de mi infancia y juventud (algunos de los cuales estan alrededor de esta hoguera); y puedo estar en contacto inmediato con mi familia a cualquier hora del dia. Una verdadera maravilla toda esta tecnologia!!!!
No por eso dejo de mantenerme en contacto y comunicarme en persona con esos amig@s y familia que estan a mi aldedor, los miro a los ojos, mantenemos conversaciones y sobremesas encantadoras, nos debatimos en profundidad cuando viene al caso, y porque no, les pego un achuchon y un buen par de besos!
A mi punto de ver (humilde, pero mio) es cuestion de adaptarse a los tiempos (tecnologia) sin perder la esencia de lo que es imporante (la comunicacion). Yo con mis hijos, que se han criado en esta generacion, pues te dire que no se ha perdido el contacto y la comunicacion humana, el hablar cara a cara, el sentarnos y charlar, sino que han aumentado si cabe la opciones para comunicarme con ellos. Si nos resistimos(como algunos pocos aun hay), pues nos robaremos a nosotros mismos la oportunidad de mantener una relacion con nuestro amig@ que esta al otro lado del charco (como yo), con la familia que quedo atras, etc.
A mi modo de ver, la comunicacion es una de las bases mas importantes para entablar, continuar y mantener una relacion, verdad? Pues seria muy triste si porque no os veo amenudo, porque no me puedo sentar a tomar un cafe con vosotros, veros de vez en cuando, etc. terminase nuestra relacion. De hecho, esta hoguera me ha permitido retomar amistades y "charlar" de nuevo con viejos amigos, tanto como entablar nuevas amistades y "charlar" con algunos de vosotros a los que no conozco en persona, pero a los que un dia vere en esta hoguerita en el cielo, verdad?
Precisamente "2 a 1/2 luz" es un ejemplo de lo que quiero decir. Gracias Poeta y JR, por ofrecernos esta oportunidad; os quiero un monton! y si os tuviera a mi lado, un buen achuchon os daria! Un beso
Permitidme, antes de nada, que me disculpe porque desde hace unas semanas no esté tan al pie del terreno de 2a1/2luz como lo hacía con anterioridad. Asuntos que ocupan buena parte de mis preocupaciones me impiden estar con vosotros al cien por cien. En cuanto se arreglen, volveré por mis fueros (no os libraréis tan fácilmente de mí...).
Recibido el achuchón, querida Ester, aún en la distancia. Imagino que es a esto, precisamente, a lo que te referías en tu comentario. Estos nuevos medios de comunicación, prácticamente instantáneos, nos permiten reencontrarnos, redescubrirnos (o descubrirnos, a secas...), debatirnos, llevarnos la contraria o darnos la razón. Pero no como lo haríamos sin estuviéramos cara a cara. Nos conformamos con esto (que no es poco), porque menos da una piedra. Pero entiendo que a lo que se refería Luis en su entrada es a las pésimas consecuencias del uso que damos muchos a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Nos parece que nos comunicamos, en toda la extensión de la palabra, pero no es así. Falta algo. Tuve a toda mi familia en Malta, durante nueve meses seguidos. Chateaba con ellos cada vez que podíamos. Y aunque la experiencia casi instantánea que se producía era muy satisfactoria, el regusto que quedaba después era paradójico. "Parecía" que había estado con ellos, pero no lo había hecho. Querer y no poder. Y la experiencia de la comunicación tecnológica es tan abrumadora, tan atronadora, que algunas personas reducen su campo de relaciones a prácticamente eso. Todos conocemos, o nos han contado el caso de alguien que vive pegado al chat, y su mundo relacional se mueve en una especie de tecnocentrismo que es engañoso. Porque las personas necesitamos algo más que todo esto. Puede haber empatía en una conversación virtual, pero nada comparable a la palabra dicha al oído, o al abrazo estrechado en vez de dicho. Creo que a esto se refería Luis. No deberíamos perder el norte. Estos nuevos medios de comunicación son extraordinarios parches que nos permiten saciar saciar la necesidad de relacionarnos. Pero es como quien bebe un vaso de agua para quitarse el hambre: desaparecerá durante un breve espacio de tiempo, pero volverá pronto, porque no es lo que el cuerpo andaba pidiendo. Tecnología sí, gracias. Pero las personas somos mucho más que eso...
Una entrada buena. Me guuusta. Sí, hemos perdido el romanticismo de algunas cosas. Aún guardo una postal de Ester que me dedicó par un cumpleaños. Yo no sé la edad que tendría. La encontré hace unos días pero tiene más años que Matusalén. ¡Jaaaajaja! Ya ves. Una con un perro muy mono en la portada.
A mí siempre me ha gustado escribir cartas. Lo del correo electrónico me ha facilitado la vida porque la parte del proceso que me fallaba era mandarlas. ¡Juaaas! ¡Qué desastre!
Es verdad que entrar en ese mundo de "comunicación" tan frío, o aparentemente frío, nos deshumaniza un poco, sin embargo tengo que confesaros que he tenido conversaciones con mi hijo mayor que nunca he podido tener cara a cara. Es así como ellos encuentran una forma fácil de afrontar conversaciones difíciles y yo acepté el reto. ¡Qué remedio! No obstante, si podemos recuperar la conversación distendida, el contacto personal y físico mejor que mejor. La tecnología es sólo un recurso, es el medio, no el fin, aunque ha acabado convirtiéndose en la forma más útil de ir por la vida sin complejos. Una trampa ideal porque todo el mundo tiene cosas que ocultar y los más retraídos descubren una manera fácil de meterse en distintos círculos de amistad que en la realidad serían inaccesibles.
Me apetece seguir comentando esto. Vuelvo en otro rato que el tiempo apremia. Será interesante ver todo lo que aportamos.
¡Más madera!
Ay, como os echo de menos, canallas! Que no daria yo por poder charlar con vosotros en persona... pero la vida es lo que es.
JR, si entendi bien lo que queria decir Luis; lo que pasa es que quiza yo no lo veo "tan negro" ni tan negativo - es cuestion de puntos de vista.
Creo que nuestra edad nos hace ver esto de otra manera - nosotros hemos vivido en tiempos donde toda esta tecnologia no existia, por lo tanto la comunicacion hemos experimentado el placer de recibir cartas de puño y letra, y de relacionarnos y comunicarnos con nuestro entorno a un nivel mas profundo, pero tambien con un circulo mas reducido. Eso lo añoramos.
Claro que en esta hoguera virtual, profundidad y despelote no nos falta....
Para la generacion de nuestros hijos, con la que intentamos mantenernos a nivel, es muy distinta. He tenido similar experiencia a la de Poeta con mis hijos, y he decidido que "o me subo al tren o el tren se va", asi que me he subido al tren. Por cierto, Poeta, guarda esta tarjetita que me gustaria verla cuando venga la proxima vez...
Hace mas de 25 años el que hoy es mi esposo y yo estuvimos 2 años viviendo en paises distintos (yo en España y el en USA); hoy nos quedan unas 200 cartas intercambiadas (de puño y letra), los recuerdos de una llamada de 10 minutos a la semana, y la añoranza de un tiempo pasado no mejor, pero si totalmente diferente, vivido de otra manera. Hoy por hoy, hubiese sido menos duro y mas llevadero.
Como he dicho antes, toda esta tecnologia moderna es simplemente una herramienta mas (o mas bien un monton de herramientas) para poder mantener lo esencial: la comunicacion entre nosotr@s.
Ala pues, ahi os mando un achuchon virtual.... Zas!
La comunicación se logra de muchas maneras. Para algunos les es mas importante la velocidad con la cual se puede comunicarse através de los kilómetros y para otros no hay nada como una conversación cara a cara. Como no os puedo invitar a pasar por mi casa o algún Café por aquí en Gringolandia tengo que contentarme con nuestros blog y Facebook etcetera. Pero siendo honesto extraño la cercanía de esas conversaciones a media luz de verdad cuando el mundo era jóven y nosotros también. El tiempo pasa y los medios de comunicación cambiarán con ello pero los comunicadores somos nosotros por bien o mal somos todo lo que hay. Que siga la conversación aunque sea por este sitio en el "web" hasta el día en el cual podremos vernos cara a cara de nuevo. Guillermo (William)
A Dios le gusta comunicarse. Pero no siempre como emisor. En cualquier tipo de comunicación hay cuatro pilares fundamentales: emisor, receptor, mensaje y medio. Es tan exigente el proceso de comunicación, que si uno de los pilares falla, todo se va al traste. Podríamos decir que en dicho proceso, todos los agentes son comunicadores. No sólo el que emite. Comunica también el mensaje, el medio e, incluso, el receptor. Porque la última parte del proceso comunicativo compete al receptor: ¿cómo entiende, quien lo recibe, el mensaje emitido? Se pone en juego, entonces, toda la fuerza del proceso. O, incluso, en jaque... Cualquier esfuerzo por parte del emisor, por enorme que sea, pende del hilo de quien escucha, ve o lee. Toda la fuerza, la arrasadora potencia de quien comunica, de lo que comunica o del medio que utiliza para hacerlo depende, en último extremo, de cómo capte el proceso a quien es su objeto último: el receptor. Por eso, no deberíamos desdeñar nuestro papel en el proceso de comunicación divina: estar abiertos, pendientes de la palabra que Dios prepara es de tal importancia, que la fuerza del evangelio depende de ello. No cerrarnos a la sorpresa, al desconcierto incluso. Permitir que el mensaje ("Dios nos ama y nos siente como hijos...") nos penetre, es imprescindible para el más grande proyecto comunicativo que se haya emprendido jamás.
Cuando esto ocurre, ya no somos tan sólo receptores, sino que nos convertimos en emisor, medio y mensaje. Ya lo dijo McLuhan: "El medio es el mensaje". Lo que en términos espirituales es que el creyente se convierte, por serlo, en el mensaje de Dios a la humanidad. SOMOS, tanto como la propia Biblia, Palabra de Dios...
Hablando de comunicar: os recomendamos un nuevo blog. Se llama "La Escuela Sabática... con otros ojos", y en él pretendemos compartir reflexiones sobre los asuntos propuestos por la lección de cada semana, debatir al estilo de 2a1/2luz, sin temor a equivocarnos y con el único freno del respeto hacia el otro. ¿Os habéis imaginado, alguna vez, que teníais todo el tiempo del mundo para debatir la Escuela Sabática en vuestra comunidad, y que nadie venía a interrumpir la clase con la fatídica frase "Quedan cinco minutos..."? Ahora tienes la oportunidad, en un foro en el que dispondrás de la libertad de expresión que necesitas para volcar tus inquietudes.
Cada domingo colgaremos, como entrada principal, el propio texto de la lección. Así, aquellos que no dispongan del texto escrito podrán acceder a él desde el propio blog. Y durante la semana debatiremos sobre el asunto propuesto, sobre el enfoque que le da el autor de la lección, o incluso sobre la forma y el fondo del texto de la propia lección.
Hemos colgado un enlace al blog en nuestra sección "Enlaces Interesantes". Os esperamos por allí. Será una Escuela Sabática vista... con otros ojos".
Eh, que yo también quiero comunicar. Y además hace un poco que no lo hago por aquí.
Evocador el texto propuesto por nuestro amigo Luis. Me ha recordado a los tiempos en que sentado y concentrado, bolígrafo en mano, te enfrentabas al papel en blanco o a rayas e intentabas "comunicar". Con tu novia, con tus padres, con amigos. Hoy, cuando me topo con alguna de aquellas cartas me detengo. La abro y la releo, me veo retratado en ese lapso de tiempo, a veces sonrío y otras me sorprendo por haber olvidado lo que yo mismo escribí. El viaje de intercambio con un instituto de París a los 16 años, pusieron a prueba esa facultad de comunicar, por hacerlo en otro idioma. Cuando hace un tiempo estuve ordenando y "eliminando" parte de esas "comunicaciones". Estaban todas bien ordenadas en una caja. Salvé algunas, cual si de un ninot de las fallas se tratara, porque ¿sabéis una cosa?, las releí. Sí, fue un regalo ese tiempo concedido. Tal vez cuando sea más viejito me consuele releer las que dejé. Pero una, ahhhh. Dejadme que os cuente un poco. Que os comunique un poco. Era de una amiga de la adolescencia. De Mondragón pero con raíces en mi pueblo. Me contaba las historias de su tierra desde otra perspectiva, pero terminaba su misiva así más o menos: "...lo que quiero es ir a algún país del tercer mundo, ayudar a los niños pobres, dar mi vida por una buena causa..."
¡Ostras! ¡Cómo iba a tirar esa carta! Y todavía la conservo. Una carta llena de ideales, de sueños; de una amiga que supo y quiso comunicar. Le perdí la pista, pero se que es enfermera.
Esas "comunicaciones" nos han formado, nos han ayudado...
Hoy todavía podemos soñar, podemos aliarnos con otras personas por medio de la comunicación para hacer pequeñas y grandes cosas.
Os quiero amig@s, chapó por vuestros comentarios.
Abrazos.
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